Crear el mejor cebadero

Enviado por Sombra el Dom, 07/07/2019 - 04:52

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Crear el mejor cebadero

Un cebadero, aunque uno se aposta y aguarda o espera en el, ni es un apostadero, ni un aguardadero, ni un esperadero.

En todos ellos, es cierto, se caza a la espera.

Cazar a la espera es uno de los métodos más antiguos y, en principio, no parece ser nada complicado (luego, en la práctica, tiene más enjundia de la que parece):

Se basa en, primero, localizar una querencia de cualquier tipo, bien un paso, un agua, un revolcadero, una zona de alimentación, etc y, luego, averiguar o suponer a que horas es visitada para, después, situarse, quizás preparar un puesto, y ponerse a esperar.

Un cebadero es distinto:

Nosotros establecemos artificialmente esa querencia, aprovisionando comida, agua u otros elementos que hagan que ese lugar sea visitado de forma regular por los animales de nuestro interés.

Eso es un cebadero:

Una querencia creada artificialmente por nosotros.

Y, sin embargo, prácticamente nadie hace eso porque lo usual es reforzar una querencia natural con cebado.

Todo esto no parece demasiado complicado y, sin embargo y precisamente por eso, por lo general no se piensa demasiado en ello.

Y cuando algo se hace sin pensar bien en ello, cómo mínimo no se le suele sacar todo el partido posible, si no es que se cometen errores.

Este artículo pretende cambiar un poco eso y hacer que todos reflexionemos sobre las oportunidades que ofrece crear un cebadero.

 

Comenzando a crear un cebadero

En primer lugar, la primera decisión a tomar es donde emplazarlo... y ahí es donde se suele cometer el primer error:

No aprovechar todas las oportunidades que esta decision nos ofrece.

Lo usual es buscar un lugar donde existe una querencia natural, emplazar en un sitio mas o menos conveniente un puesto y reforzar esa querencia añadiendo comida u otra cosa en sus proximidades.

Error.

Tremendo error, añado.

A ver, señores....

¡Que estamos creando una querencia artificial!

¿Porque hemos de complicarnos la vida intentando ponernos en el sitio que los animales han escogido porqué les conviene?

Lo mas razonable es buscar un lugar que nos convenga a nosotros, tanto por su ubicación, como por su acceso, como por los lugares (si, lugares, no lugar: como mínimo hay que tener dos puestos sobre cada plaza o cebadero, luego hablaremos de eso) donde nos pondremos, por los vientos dominantes, por la iluminación, etc, etc, etc...

Obviamente si pretendemos cazar ciervos no nos vamos a ir a buscar ese lugar a quinientos kilometros de donde haya un ciervo, y si pretendemos cazar jabalíes o cualquier otra especie pues tampoco a centenares de kilómetros de donde los haya, pero eso no implica que haya que hacerlo necesariamente en uno de los lugares que normalmente visitan y usan.

Es mucho mejor hacerlo cerca de alguno de esos lugares, si, pero donde más nos interesa a nosotros, aun si el lugar que nos interesa esta a algunos kilómetros del que sabemos que ellos frecuentan.

Es evidente que tardarán más en encontrarlo y será más difícil que se habitúen a el, de hecho al principio hasta puede parecer que hemos trabajado en vano pero no es así, los animales "circulan" por el territorio y tarde o temprano encontrarán el sitio y, si la calidad, variedad o cantidad de lo que les aportamos en el es la adecuada, lo empezarán a frecuentar, y en caso de no ser así o de que deseemos apresurar su toma medios hay para atraerlos y facilitar que lo descubran.

Ese es un inconveniente nímio si lo comparamos con las ventajas:

  1. Puestos cómodos y perfectamente situados
  2. Accesos fáciles y seguros
  3. Zonas de tiro seguras, claras y en ángulos convenientes
  4. Entradas de los animales por las rutas que nos interesan
  5. Vientos dominantes convenientes
  6. Posición de las zonas de tiro a favor de la iluminación natural en las horas de caza
  7. Y lejos de donde otros cazadores "amigos de aprovechar el trabajo ajeno" (que los hay) van a buscar los cebaderos de otros para "cosechar sin haber sembrado"

Ahora, pensemos...

¿Que otras ventajas tiene el hacerlo así?.

Porque las hay y seguro que a alguien se le ocurre alguna.

Desde luego, en cada edición del Curso Práctico de Caza del Jabalí a la Espera qué impartí durante algunos años los alumnos, al plantearles esa cuestión nombraban bastantes más de las que ya he presentado...

 

Tipos de puestos

Existen diferentes tipos de puestos de espera, casi tantos cómo cazadores y medios a su alcance, pero todos se pueden englobar en los dos siguientes:

- Puestos elevados

Son muy variados, desde los, digamos "prefabricados", conocidos cómo "puestos de árbol", treestand en inglés, con una variedad de diseños y formas de uso muy amplias que van desde los que requieren trepar al árbol para instalarlos hasta los que permiten trepar al árbol utilizándolos a modo de elevador de palanca hasta los creados por el mismo cazador existe una variedad amplísima, incluido el no utilizar ninguno si no el mismo árbol.

También hay torretas, bien portátiles, generalmente sobre trípode, bien de construcción, siendo las portátiles, una simple silla giratoria sobre un trípode que en ocasiones incluyen un habitáculo de lona, ideales para aguardos en sembrados y cultivos.

Sus principales ventajas residen en la posición elevada, que permite una mejor visión del entorno y, sobre todo, la dispersión del olor humano en capas altas, lo que lo hace más difícilmente detectable por los animales y el que la mayoría de los animales no suelen esperar un predador en las alturas por lo que no prestan demasiada atención a estas a menos que en nuestra zona de caza si existan felinos que cacen así, apostándose en árboles.

Sus principales inconvenientes son la selección de tiro, ya que el ángulo del disparo dificulta identificar correctamente la situación de los órganos vitales y sus perímetros, y la estimación de la distancia porqué en disparos con mucha inclinación (tanto para arriba cómo para abajo que es el caso) la distancia realmente recorrida por el proyectil a efectos gravitatorios, nuestra flecha en este caso, no es en realidad la distancia lineal desde nosotros a la pieza si no la distancia que nos separa entre nuestras verticales, distancia que cambia de una forma no intuitiva al cambiar el ángulo de disparo cuando la pieza se aproxima o aleja del puesto elevado.

También pueden presentar grandes riesgos de seguridad, tanto por caídas, lo más usual al acceder o descender e incluso al dormirse o buscar una posición de tiro forzada, cómo en el caso de ser sorprendidos en ellos por tormentas eléctricas o temporales de viento, por ello siempre deben ser utilizados vistiendo un arnés de seguridad y con lineas de seguridad y, a ser posible, de descenso rápido instaladas.

- Puestos a ras de suelo

Los hay desde "prefabricados" específicos para la caza, los denominados "ciegos", blinds en inglés, que pueden ser bien una especie de tienda de campaña o bien barreras sin techado hasta los realizados por uno mismo con algunas ramas cortadas e incluso los que ni existen y sólo son un simple taburete o silla que el cazador coloca donde considera conveniente e incluso ni eso.

Los más remarcables aunque requieren de gran trabajo y no son especialmente adecuados para la caza con arco son las "zorreras", agujeros excavados en el suelo.

Los mejores, al menos en mi opinión, son los "abrigos", cavidades en paredes verticales o bajo grandes rocas y los puestos realizados exprofeso a modo de cabañas o cabinas.

La gran ventaja de los puestos a ras de suelo es lo que podemos denominar "ángulo de tiro natural", con cazador y pieza a igual o similar nivel.

El gran inconveniente la facilidad con la que nuestro olor movido por los vientos bajos puede llegar a los animales, circunstancia qué hace que los puestos cerrados o adosados a paredes que evitan el viento resulten tan ventajosos.

Por otra parte, suelen ser más seguros, estables, amplios y cómodos ya que protegen de la lluvia y vientos e incluso, aunque se pueden calentar de varias formas, de por si resultan más abrigados.

 

¿Como escoger el emplazamiento del cebadero?

Antes que nada hay que decidir que tipo de cebadero queremos o nos queremos permitir por el tiempo y uso que le vayamos a dar.

Así pues y en función de eso, cebaderos los hay ocasionales o de fortuna, de temporada y permanentes.

 

Cebaderos ocasionales o de fortuna

Un cebadero ocasional es el que armamos en un viaje a un sitio en el que apenas pasaremos unos días y que posiblemente no volvamos a visitar o, al menos, no en bastante tiempo o, cuando no siendo asiduos a las esperas, decidimos hacer alguna.

También se suelen utilizar en lugares donde hay abundantes animales o estos cuentan con bastantes recursos por lo qué resulta complicado saber donde van a estar unas horas después.

Y por último se pueden montar para reforzar un aguardadero o un apostadero en un paso, una trocha o un portillo o en cualquier lugar similar para, puntualmente, conseguir la detención y la oportunidad de tiro sobre un animal de paso.

En este ultimo sentido señalar qué, cómo lo que se busca es la detención para tener una mejor oportunidad de tiro, tanto se puede utilizar un cebo cómo un "anticebo", a un jabalí un par de almendras en su camino quizás le hagan detenerse al igual que a un ciervo un trozo de aromática manzana pero con seguridad ambos se detendrán ante olor a humano así que un simple pañuelo de papel pasado por la axila o entre los dedos del pie puede ser un buen "anticebo" de fortuna que consiga esa detención aunque, como es obvio, eso no es algo a utilizar en una trocha que deseemos que se siga utilizando con regularidad.

En cuanto a los cebos de estos cebaderos ocasionales no situados en trochas, portillos o pasos conviene que sean distintos a lo que tienen disponible y de olor fuerte y emplazarlos en lugares donde el viento dominante vaya sobre los encames, las trochas o sus zonas de agua o alimentación.

Lo ideal en esos casis es usar puestos elevados, en árbol si es posible o en torretas y, en caso de no ser posible, en el suelo en tiendas de campaña o similares mejor que en chozos o puestos hechos con ramas.

El mayor problema en este tipo de cebaderos en los que se busca que los animales los tomen de inmediato radica en qué para meter la caza rápido en ellos hemos de emplazarlos de forma que el viento dominante lleve el olor de nuestro cebo a los animales.

Y si estamos a ras de suelo con ese olor también irá el nuestro.

Así que incluso más importante que la ocultación es el manejo de nuestro olor, por eso lo más recomendable es usar puestos elevados o, en su defecto, puestos a ras de suelo lo más cerrados que podamos conseguir para que nuestro olor no salga de ellos o salga lo más alto posible y caliente porque el aire caliente tiene tendencia a elevarse y si se mantiene lejos del suelo es más difícil que los animales lo capten.

 

Cebaderos de temporada

Suelen ser los más usuales porque la inmensa mayoría de la gente contrata una temporada en un lugar sin saber si al año próximo repetirá o contratara la temporada en otro lugar o, si en caso de repetir, podrá seguir teniendo su cebadero en la misma zona o lugar.

Se preparan en relativamente poco tiempo antes del inicio de la temporada o incluso ya iniciada esta y se procuran acondicionar las zonas de tiro y, en ocasiones, las de iluminación.

Esa preparación conviene que sea radical, de una vez, más que andar haciendo retoques un día si y el otro también y para eso es conveniente pasar una noche completa en el sitio observando las luces y las sombras y las entradas de los animales para saber lo que se debe despejar, preferentemente apartando y atando y, cuando no queda otro remedio, cortando y podando todo aquello que estorbe al tiro o cree sombras inconvenientes.

Actuar así muy probablemente saque la caza unos días de esa querencia pero en un par de semanas o un mes las piaras estarán de regreso y los grandes machos un tiempo después.

 

Cebaderos permanentes

Son aquellos qué se preparan con mucha antelación, en ocasiones y si se quieren hacer las cosas muy bien incluso de un año o más.

Si se trabajan bien son en si mismos un tesoro y compensan sobradamente todo el trabajo hecho en ellos, tanto por los resultados que ofrecen como por la comodidad y seguridad de acceso y uso que se disfruta temporada tras temporada.

Cuando se crean en fincas privadas con vigilancia suelen ser más elaborados y evidentes pero con una buena planificación del acceso y cuidando algunos pequeños detalles de camuflaje y "desinformación" se pueden instalar incluso en terrenos publicos con una razonable certeza de que permanezcan ignotos a personas no deseadas a menos de que se den de pies a boca con ellos.

Todo lo que vamos a decir a continuación va a ir dirigido a establecer uno de estos cebaderos permanentes y, con los debidos "recortes" y adaptaciones, es de aplicación a todos los demás.

 

Primero, el acceso

Un cebadero conviene que tenga un buen acceso, tanto porque se ha de visitar con cierta frecuencia, y en ocasiones cargando bastante peso, para mantenerlo, revisarlo, recebarlo, etc y porque, por otro lado, cuando lo vamos a usar, a hacer una espera, necesitamos poder acceder de forma segura y en la medida de lo posible discreta así cómo poder salir del mismo de igual manera, sin que la fauna de las inmediaciones nos detecte.

Por otra parte, los animales que se pretenden abatir en el por lo general van a ser de cierta entidad, por lo que disponer de un acceso adecuado para su retirada simplifica muchísimo las cosas a la hora de recuperar la pieza abatida.

Así púes, a nivel práctico, nuestro cebadero debería estar en las proximidades de una carretera o camino, a ser posible al mismo o muy similar nivel de altitud para que el acceso a el desde el lugar donde nos puede dejar el vehículo sea lo más llano posible.

En fincas privadas y vigiladas es obvio decir que el acceso por camino debe de llegar hasta la misma plaza e incluso a cada puesto para, en la medida de lo posible, evitar pisar por la zona.

Pero un buen acceso a pie, en términos de caza, no sólo es eso:

También debe contemplar no cortar las trochas de acceso de los animales porque lo último que deseamos es que un animal al ir a entrar se cruce con nuestro rastro y se alerte o que el viento tienda a soplar desde el acceso en dirección a las trochas de los animales o a sus encames.

Por lo tanto, a la hora de escoger su emplazamiento, esas son las dos primeras cosas que se deben observar:

  1. Dirección dominante del viento durante la temporada de caza a las horas en las que se va a utilizar para que nuestro olor no sea llevado por este en dirección a la plaza, a los encames o a la entrada de los animales.
  2. Rutas de acceso al mismo de los animales de la zona porque se debe evitar que crucen nuestra vía de acceso o, dicho de otra manera, nuestra ruta de acceso no debe atravesar entre los encames y el cebadero.

Otras cosas a tener en cuenta son:

  • Acceso lo suficientemente amplio y libre de maleza como para poder recorrerlo sin rozarla con nuestras ropas y dejar nuestro olor en ella.
  • Suelo de ese acceso libre de hojarasca que podamos remover, ramas pequeñas que podamos quebrar al pisarlas y piedras que podamos hacer rodar, es decir, de todo lo que al movernos por el pueda provocar ruido y delatar nuestra presencia.
  • Suelo razonablemente nivelado, con el menor número de obstáculos cómo rocas o raíces salientes en las que se pueda tropezar, tanto por evitar hacer ruido con un traspiés cómo para prevenir caídas puesto que en ocasiones lo vamos a recorrer cargados y muchas veces si es posible sin más iluminación que la luz de la luna y o la de las estrellas.
  • Acceso despejado de cobertura por arriba y del lado de la luna para qué, en la medida de lo posible, reciba iluminación nocturna natural y nos permita discurrir por el sin necesidad de utilizar iluminación artificial.
  • Marcar la dirección de salida con barniz transparente reflectivo al ultravioleta nos permitirá, dando un rápido lamparazo con nuestra linterna ultravioleta, reconocer la dirección de salida. Esas marcas, si deseamos mantener nuestro cebadero oculto, solo deben de ser visibles llevando la dirección de salida, de tal forma que desde una de ellas al iluminar en la dirección de entrada al puesto no se vea ninguna y deben repintarse cuando sea necesario. En situaciones de baja visibilidad, por ejemplo a causa de niebla espesa o fuertes lluvias resultan una ayuda impagable para regresar al vehículo.

Otro aspecto qué, según el emplazamiento, puede ser importante tener en cuenta, es la discreción del acceso.

Si nuestro cebadero no esta emplazado en una propiedad privada si no en una tierra comunitaria o pública, es normal que queramos evitar el que nuestro trabajo sea explotado por alguien ajeno, así qué debemos contemplar formas de hacer que sea poco o nada evidente a cualquiera que se mueva por la zona.

Las formas de conseguir esto, entre otras, incluyen:

- No comenzar el acceso al cebadero justo donde se dejará el vehículo.

Por lo general es muy aconsejable comenzar el acceso unas decenas o incluso centenares de metros antes o después del lugar escogido para dejar el vehículo, lugar qué, por otra parte, debe permitir que el vehículo quede fuera de la vista de cualquiera que observe desde lejos e incluso, si es posible, de quien circule por ese camino o carretera.

A más público y accesible sea nuestro terreno de caza, más se debe de cuidar este aspecto.

También es muy aconsejable, a nivel de practicidad, que ese inicio del acceso este ubicado en un punto donde, si detenemos el vehículo unos instantes para descargar equipos o materiales, esa detención no pueda ser observada desde lejos.

Es más, el acceso debe estar separado del camino por una barrera de maleza que, aunque practicable, aparente ser lo más cerrada posible, de forma qué, aun deteniéndose justo a su lado, no resulte visible ni evidente.

- No trazar un recorrido que lleve directamente al cebadero

Su recorrido no será directo si no zigzagueante, de forma que si alguien llega a ver su inicio o casualmente lo cruza por cualquiera de sus tramos no parezca ser una "autopista" a alguna parte, si no tan sólo un claro que se acaba ahí mismo un poco más adelante.

También crearemos una serie de ramales que no llevaran a ninguna parte y se irán "extinguiendo" poco a poco.

Estos ramales también deberán tener sus propias marcas visibles tan sólo con iluminación ultravioleta en la dirección de salida.

De hecho, si el sitio es especialmente conflictivo por la abundancia de movimiento de personas o tenemos constancia de que en la zona hay "amigos de lo ajeno", conviene qué el acceso real se "extinga" en algunas ocasiones para continuar después, tras nuevas barreras de maleza, de forma que sea, o más bien parezca ser a cualquiera que no lo conozca, un simple claro o, si lo esta buscando, una de esas "rutas falsas" secundarias.

- No abandonar las rutas falsas sin pisarlas nunca

Todo ese trabajo no va a servir de nada si ocasionalmente no pisamos esas rutas falsas dejando señales de paso:

Huellas, alguna planta pisada o una rama rota, algún resto que no debería estar allí, etc...

Eso implica, primero, dedicar dos o tres días de planificación y el trabajo necesario para crear una serie de rutas falsas cuyo objetivo es proteger lo que vamos a disfrutar durante mucho tiempo si hacemos las cosas bien y, luego, dedicar de vez en cuando algunas horas a "dejar señales de uso" en las direcciones que nos interesa mientras qué, cuando lo usamos de verdad, nos esforzamos en no dejar ningún rastro.

- Dificultar el acceso fortuito de los animales u otras personas a nuestra ruta de acceso

Bien amontonando piedras, bien leña, cortar las trochas que pudieran conducir a algún animal de nuestro interés o a alguna persona a atravesar nuestro acceso de forma casual.

Hay que cortarles los alcances.

A largo plazo, una excelente y económica inversión qué, además, ahorra cantidades ingentes de trabajo, es adquirir uno o dos botes de hormonas enraizadoras específicas para algunas de las plantas existentes en ese entorno.

Basta cortar a principios de su época de crecimiento, por lo general la primavera, algunas puntas de ramas jóvenes, nuevas, machacar un poco el extremo cortado, meter ese extremo cortado y machacado en el bote de hormonas y luego, una vez impregnada la ramita de polvo hormonal, hacer un pequeño agujero en el suelo, plantarla y regarla ligeramente si el terreno esta seco.

Poco a poco se irán creando zonas de maleza densa que cortaran el paso por esos puntos que nos interesa bloquear y que tendrán un aspecto completamente natural sin extrañar ni a animales ni a hombres que las habrán visto crecer.

- Consejo

Yo, por lo general, lo que hago es crear al menos dos cebaderos:

Uno "provisional" a modo de "señuelo" bien alejado de la ruta de acceso real, en una prolongación de una de esas rutas falsas, que cebo con bidón perforado encadenado o cualquier otro sistema que sea utilizado en esa zona, pensado para poder utilizarlo como quien dice desde el primer día y orientado a las piaras y un segundo cebadero "de verdad", muy cuidado y preparado, orientado a los grandes ejemplares.

Ese primer cebadero "señuelo" apenas lo atiendo, poniendo en el tan sólo un poco de grano de vez en cuando para medio mantener la querencia, excepto en la época de celo que si lo surto muy bien, pero nunca lo desmonto, de forma que cualquiera que busque lo acabe encontrando y sencillamente piense que soy un cazador descuidado que lo tiene desatendido.

Su presencia en la zona explica el acceso y los recovecos y hace que raramente se siga buscando el cebadero "de verdad" pero eso también lo prevengo creando, en el caso de cebaderos de jabalí, uno con el típico montón de piedras cubriendo un puñado de grano y algunas almendras u otras "golosinas", piedras qué si lo llega a tomar algún macho dejará esparcidas y cebo que si no es tomado dejará claro a quien lo pueda revisar que ese es el cebadero.

 

Segundo, la ubicación

Es obvio que sin ver el terreno sólo se puede generalizar pero dentro de esa generalización si se pueden plantear unas lineas maestras.

Sin lugar a dudas y si el terreno nos ofrece la oportunidad, el sitio ideal sera un abrigo rocoso próximo a la parte más alta de una loma o cresta y al que nuestra ruta de acceso pueda llegar bien por arriba, bien por la base de la estructura rocosa.

En su defecto, un lugar lo más similar a eso:

La base de un ribazo, a mas alto mejor, de un muro, de una gran roca o del tronco de un gran árbol que nos resguarde del viento, tanto por comodidad cómo por el hecho de que así evitaremos que ese viento pueda portar nuestro olor en cualquier dirección.

Si no existe y estamos dispuestos a trabajar, podemos crearlo nosotros mismos construyendo un muro de "piedra seca" ligeramente cóncavo o bien dos muros confluyentes o cualquier estructura similar adosada a algo ya existente.

Recordemos que el lugar aún no es nada porque vamos a crear una querencia completamente artificial, no reforzando una existente, y que los animales no lo frecuentan, así que nada que hagamos ahora los va a poner en alerta cuando lo empiecen a frecuentar.

Eso si, lo que hagamos, que incluso puede ser un chozo techado, lo vamos a hacer para que quede detrás nuestro, no entre nosotros y el cebadero:

Como veremos al hablar del camuflaje, el mejor camuflaje es fundirse con lo que hay detrás nuestro y, a ser posible, estando nosotros en sombra o semisombra.

Eso nos deja libertad para abrir y tirar en un amplio abanico sin ninguna probabilidad de producir ruido al alzar algún portillo o intentar tirar por un ventanuco o tronera mientras nos mantiene fuera de la vista de los animales.

Dicho eso, en líneas generales, la ubicación la marcan tres cosas:

  1. Posición de los encames o, dicho de otra forma, dirección desde la que se espera que accedan los animales.
  2. Viento dominante
  3. Recorrido del sol o, si es para esperas nocturnas, de la luna.

Y, sobre todo, que sea un terreno lo más alto posible.

Un cebadero en un terreno bajo es una apuesta ganadora para garantizar los traicioneros revocos de viento que permitirán a los animales sacarnos.

 

Tercero, la plaza

La plaza es el terreno más o menos despejado que contiene el cebo en su centro aproximadamente y que abarca todo el sector de tiro que hemos previsto desde nuestros puestos.

A mayor presión cinegética haya en la zona o mejores sean los ejemplares que deseemos abatir en ese cebadero más escasa y menos evidente debe de ser.

Los grandes y más experimentados ejemplares rehuyen los espacios amplios y abiertos donde no tienen defensa y eso precisamente es una cosa que también, gestionada adecuadamente, podemos aprovechar.

- Trabajos previos en la plaza

Antes de empezar a cebar, hay que trabajar en serio durante varias noches, incluso durante meses.

Pensemos....

No es una querencia natural así que el lugar no es especialmente visitado por ningun animal que se vaya a alertar porque andemos mucho o poco por allí, de día o de noche, ni por cambios en el paisaje o en el entorno, así que si hay algo que hacer, hagamoslo.

Ahora que el cebadero aun no es nada porque no se ha empezado a cebar es el momento de pasar noches allí, ver como ilumina la luna y donde hace sombras no deseadas, podando o atando las ramas y matas que estorben, o aclarándolas.

Hay que comprobar que ninguna rama estorba nuestros ángulos de tiro desde el puesto.

Ver si interesa podar o recortar e incluso si hace falta añadir algo para descansar el arco o los prismáticos, o simplemente para estar mas cómodos.

También es el momento de entrenar los diferentes tiros y ajustar miras, colocando dianas en los puntos donde pensemos que tendremos oportunidades de tirar y tomar notas o hacer croquis, porque mas vale lápiz corto que memoria larga cómo se suele decir.

- Incrementar la luz y el contraste

La situación óptima, normas y leyes aplicables aparte, es poder tirar sobre la pieza sin alertarla previamente usando iluminación artificial.

Eso, aparte de al no alertarla evitar un movimiento reflejo de huida que puede dificultarnos e incluso impedirnos el tiro, también evita o al menos dificulta que identifique el impacto de la flecha cómo una agresión, generando adrenalina que le permitirá alejarse más en el caso de resultar herida y haciendo que su carne pierda calidad puesto que la presencia de adrenalina en el momento del óbito la endurece.

Ya hemos hablado en el punto anterior del control de la vegetación para reducir sombras no deseadas y despejar sectores de tiro pero se puede hacer aun más, por ejemplo blanquear determinados puntos esparciendo arena clara contra la que destacaran más las siluetas de los animales.

La perspectiva también es importante y, por ejemplo, dejar tras una zona de maleza conveniente!ente aclarada que ofrezca una buena cobertura aparente, reforzada incluso por una zona de sombra, una zona blanqueada con arena o rocas claras puede hacer perfectamente visible la entidad del animal que use ese resguardo.

En general se debe de procurar que a toda la plaza le entre la máxima iluminación y que esta se vea multiplicada por la blancura o claridad de los elementos de la zona pero respetando siempre algunas zonas de sombra y cobertura.

- Los puestos

El sitio ideal cómo ya hemos dicho es un terreno elevado o, en su defecto, un puesto en alto, dos en realidad, a unos 90° uno del otro.

¿Porque?

La razón es sencilla:

Por lo general no vivimos a unos centenares de metros o unas docenas de kilometros de nuestro cazadero si no a centenares de kilómetros, en ocasiones bastantes, y por muy buenas que sean las previsiones meteorológicas más de una y de dos veces, cuando llegamos al cazadero nos encontramos con vientos que no son los mas adecuados para ponernos en el puesto, y eso si no es que son directamente los peores posibles.

Hay que tener mucha fuerza de voluntad para, ya hecho el viaje, no ponerse y hacer la espera y, por desgracia, eso las mas de las veces acaba por hacer malo un buen cebadero pues los animales, especialmente los mejores, nos detectan y aprenden donde nos colocamos.

Dos puestos, a unos noventa grados uno respecto al otro con el eje de ese ángulo en el cebo o la zona de tiro nos garantizan qué, sea cual sea el viento que nos encontremos, nos vamos a poder poner sin correr el riesgo de que el viento inadecuado lleve nuestro olor sobre el cebadero, de hecho hasta en caso de que ya puestos cambiase el viento tendríamos la oportunidad de, muy discretamente, cambiarnos y seguir con la espera.

Si, por ejemplo, en el lugar y en temporada de caza los vientos dominantes son del norte y secundariamente del oeste, los dos puestos los ubicaremos al sur y al este.

Y, añado, en caso necesario, se pueden preparar no ya dos si no incluso tres o cuatro o más si, por ejemplo, según la época del año, los animales entran por una ruta de acceso u otra y hay que tener eso en cuenta además de posibles cambios estacionales en los vientos dominantes.

No obstante, hay que tener en cuenta aspectos de seguridad, sobre todo si tu que estas leyendo esto no vas a cazar con arco, porque hablando de puestos para caza con arco, van a estar bien cerca el uno del otro, tanto que no creo que otro pueda entrar y ponerse sin ser advertido por el de "enfrente", al fin y al cabo a lo sumo son 20 m hasta el cebo, así que como máximo hablamos de 40 m de un puesto a otro aunque, cómo gente hay para todo, mejor seguir el refrán:

Quita la ocasión y quitarás el peligro.

Tener más de un puesto en el cebadero es algo extremadamente útil cómo acabamos de ver y así mismo lo puede ser tener más de dos pero, no obstante, debemos priorizar la seguridad y a más posible sea que nuestro cebadero sea utilizado por desconocidos más hemos de cuidar el numero y posición de los puestos unos respecto a los otros.

Una medida para evitar ese riesgo que funciona razonablemente bien en los puestos en árbol es podar completamente todas las ramas por debajo de los tres o incluso cuatro metros de todos los arboles en torno a la plaza y utilizar plataformas de árbol con sistema de ascensión por palanca o puestos fijos o, si se requiere discreción, desmontables a los que se accede mediante sistemas de escalones desmontables fijados por cinchas o, si la madera es de nuestra propiedad, con tornillos u otras fijaciones permanentes instaladas adecuadas para los escalones y los puestos que retiraremos al irnos.

- Las trochas de entrada y las defensas de escucha

Otra tarea fundamental que hay que hacer es el abrir y cerrar trochas que puedan seguir los animales para entrar, de forma que lo hagan por donde nos interese a nosotros y no por donde les convenga a ellos, así se puede conseguir que pasen por puntos que nos los hagan visibles, mejor a lo lejos, para poder estar advertidos y prevenidos cuando lleguen y también cerrarles los alcances a los puestos, de forma que si deciden darnos la vuelta, se vean imposibilitados o, al menos, forzados a darla lo bastante abierta como para que les resulte difícil sacarnos.

En la inmensa mayoría de especies, los grandes machos experimentados no suelen entrar francos en la plaza, así que es conveniente diseñar para ellos defensas situadas donde nos convenga a nosotros para que puedan detenerse y escuchar vigilantes hasta sentir que pueden entrar en la plaza seguros.

Parece una contradicción pero no lo es.

Si no los prevemos nosotros los animales buscaran los que les resulten más convenientes y no lo serán para nosotros.

Por otro lado, debemos resistir la tentación de hacer de esas defensas sólo una ilusión porqué, además de dar seguridad a los grandes machos, cumplen otra función fundamental:

Conducir a los animales y a estos grandes ejemplares en especial a la entrada en la plaza que nos interesa que usen y eso también les va a llevar a usar, para llegar a ellas, las trochas que nosotros queramos.

Cuarto, el arranque

Antes de realizar el arranque, pensar que hay muchas mas cosas que se pueden hacer y es ahora, cuando el sitio no es aun nada, cuando se pueden hacer con garantías porqué una vez que el cebadero esté en marcha cualquier cambio será detectado.

Los animales basan su seguridad en la memorización de los "perfiles" de las zonas por las que discurren y los parajes que visitan, en la retención de esa "foto fija" que les permite detenerse en seco ante cualquier piedra removida o cualquier rama cortada que les hace recelar y abandonar la zona.

Depende de la presión cinegética y de las diferentes especies pero, por ejemplo, en el caso del jabalí, de darse esa reacción las piaras despoblaran el cebadero durante un mínimo de tres o cuatro días y los grandes ejemplares no lo retomaran hasta cómo mínimo más o menos una semana después de que lo hayan hecho las piaras.

En caso de suceder eso el proceso de retoma es crítico, tanto que debería dejarse sin cazar el cebadero durante al menos tres o cuatro semanas y si la presión cinegética en la zona es alta y el cebadero esta orientado a los grandes ejemplares durante mes y medio al menos.

Los grandes ejemplares no se limitan a retomar un cebadero donde se hayan alertado unos días o semanas después, lo que hacen es ir acercándose a controlar el entorno durante días sin tomar el cebadero y si oyen u observan algo anormal pueden llegar a abandonarlo por completo, al menos durante meses.

Asi pues, cuando decidamos arrancar el cebadero porque lleguemos a la conclusion de que todo esta hecho, sera meses después de haber iniciado su preparación, cuando lo primero que hay que hacer, los cortes de las podas, estén cicatrizados y ya no huelan a recién cortados, cuando ya hayamos quitado o puesto bloqueos, montones de leña o de piedras y realizado plantaciones de arbustos o quizás arboles que nos interesen en los sitios adecuados, incluso añadido piedras o tierras blancas o más claras en los puntos donde más convenga, definido y si es preciso construido los puestos, despejado las zonas de tiro, ajustado y previsto todo y entrenado los diferentes tiros todo estará listo para arrancar el cebadero y que los animales lo empiecen a frecuentar.

Cuando empecemos a cebar y los animales comiencen a tomar el cebadero, para ellos lo natural será qué sea así porque no lo habrán conocido de ninguna otra manera y a nosotros no nos hará la menor falta cambiar ni modificar nada salvo, con el paso del tiempo, eliminar o atar (cuando ya esta en marcha siempre es mejor si es posible atar y redirigir que cortar) algunas ramillas tiernas tal y como vayan naciendo.

Para el arranque hay varias opciones qué cambian mucho de unas a otras especies.

E, igualmente, hay dos que son comunes a todos los animales, en concreto el agua y la sal.

Aprovisionar un cebadero con agua puede resultar una tarea ímproba y más si el terreno no es capaz de contenerla, así que si pretendemos optar a ello, habrá qué cavar al menos una pequeña baña en la zona más fresca y húmeda protegida por sombra, aun si queda fuera de nuestro sector de tiro, y luego recubrirla con una capa de arcilla lo más gruesa posible que retendrá el agua, algo que hay que hacer prácticamente al final para no correr el riesgo de que una lluvia la llene y arranque el cebadero.

Si se elije bien su situación las mismas escorrentías proveerán agua cuando llueva e inicialmente la podremos poner en marcha con unas cuantas garrafas de agua.

Recordemos que su finalidad no es establecer un punto de agua permanente (que es algo qué está muy bien proveer si es factible) si no tan sólo, si los puntos de agua son escasos en la zona, crear un potente atractor temporal.

Con la sal no sucede lo mismo ya qué si es conveniente que cuidemos su suministro en el cebadero porque es imprescindible para toda la fauna salvaje y su presencia en el cebadero, salvo que haya abundancia de la misma en la zona, garantizará que una vez sea descubierta el cebadero no deje de ser frecuentado.

Lo siguiente es el cebo qué, pese a ser conveniente que para los grandes ejemplares sea escaso, variado y selecto, si deseamos un arranque rápido del cebadero más que abundante debe ser ubérrimo incluso en exceso.

Y no debe circunscribirse al propio cebadero, hay que "sembrar rastros de miguitas" que lleven la caza a el, pero antes de tomar la decisión de optar por un arranque rápido hay que tener en cuenta dos cosas:

  1. Lo hecho es suficiente para que el cebadero, tardando más o tardando menos, comience a funcionar.por si mismo.
  2. Sembrar abundantes "rastros de miguitas" además de a los animales puede llevar a nuestro cebadero a personas ajenas a nosotros arruinando todo el trabajo hecho para mantenerlo discreto.

No obstante, existe una solución "de compromiso":

Añadir para ese arranque al cebo que hayamos decidido utilizar otro fermentado o de fuerte olor situado en otro punto de la plaza que sustituya esos "rastros de miguitas" es una posibilidad más discreta y, aunque quizás algo más lenta, perfectamente eficaz.

 

Quinto, el mantenimiento

Nuevamente hay que establecer una diferencia en función del tipo de animal que deseemos en el cebadero.

Generalizando, en la mayoría de las especies venatorias los grandes machos se mantienen solitarios y separados de los grupos de hembras y jóvenes excepto en la época de celo.

Y sus hábitos alimenticios también son en muchos casos diferentes así cómo los lugares que frecuentan.

Las hembras, y más las hembras con crías muy jóvenes, buscan la que podemos denominar cómo "linea de menor esfuerzo", lugares de fácil acceso con comida abundante y lo más cercanos a los encames que les resulte posible por una simple cuestión de "eficiencia energética":

Su objetivo es sacar adelante a esas crías y alimentarse ellas mismas y para ello siempre van a escoger alimentarse en lugares a donde les resulte fácil llegar y sobre la comida.

Por otra parte, los machos jóvenes que dependiendo de la especie pueden agruparse o independizarse por completo, transicionan desde un comportamiento homologable al de las hembras con cria hasta el de los grandes machos solitarios.

Y uno de los factores que condicionan esa transición son sus diferentes necesidades dietéticas ya qué los distintos tipos de defensas, astas, cuernas, etc requieren para su pleno desarrollo de otros complementos nutricionales a los requeridos por hembras y las crías en crecimiento, tema que trataremos extensivamente en otro artículo.

A los efectos de nuestro cebadero para grandes ejemplares lo importante es más ofrecerles variedad que cantidades porque mientras la cantidad atraerá a las hembras con cría y a los ejemplares jóvenes la variedad será lo que atraiga a esos ejemplares grandes.

El problema es cómo mantener un cebadero así.

Los sistemas convencionales de bidones perforados o tubos con "pico de flauta" o cualquier tipo de tolva actuada por los propios animales no son una solución y los sistemas automáticos no suelen funcionar bien con mezclas de diferentes alimentos así que antes de instalarlos hay que probarlos con las combinaciones de alimentos que pensemos utilizar porque es posible que algunos de ellos haya que semitriturarlos de forma que todos tengan el mismo tamaño.

Las otras opciones son usar varios automáticos diferentes o utilizar uno de los viejos sistemas de balancín o de tornillo sin fin que si son capaces de servir alimentos de tamaños mezclados.

Y, para acabar, en el caso de jabalíes bajo el alimentador automático es conveniente acumular un buen número de piedras grandes que sólo puedan apartar los animales de mayor tamaño.

 

Conclusiones

Hay qué buscar un sitio conveniente para nosotros y hacer todo lo necesario antes de activar el cebadero y que el sitio sea algo para los animales y después hacer sólo el mínimo que sea imprescindible hasta el final de la temporada que nuevamente haremos todo lo necesario de una vez.

Hay que cerrar sendas y trochas que no interesan y abrir otras por donde nos convenga más pero hay que aprender a hacer eso porque no todas les gustan asi que hay que encontrar un equilibrio porque si solo les dejamos accesos muy expuestos, los animales mas "interesantes" ni asoman.

La cantidad de comida determina el tipo de animales que toman el cebadero y la variedad garantiza que lo tomen animales de calidad aunque no hay que olvidar que en época de celo estos acuden donde vayan las hembras.

Si la legislacion lo permite no hay que descartar el uso de cebos fermentados o de fuerte olor aunque no sean naturales en la zona al igual qué de líquidos de bajo contenido alcohólico cómo la cerveza, el vino o la sidra qué, además de encantarles a cérvidos y jabalíes y fijarlos al cebadero en cuanto los detectan, se pueden dosificar muy fácilmente con un económico sistema de riego automático para jardinería y si es necesario una boquilla de riego por goteo que los deje caer en una pequeña oquedad impermeabilizada.

Puede parecer algo muy excesivo pero recordemos qué un cebadero para grandes machos no tiene como finalidad alimentar al animal si no tan solo proporcionarle un "bocado" excepcional que no va a encontrar en ninguna otra parte así que cuatro o cinco litros con una buena regulación pueden dar servicio durante un mes y las salpicaduras que se produzcan impregnarán de olor el terreno.

Un buen cebadero, es un lujo que difícilmente alcanza a proporcionar un apostadero natural y supone un reto intelectual para optimizarlo al máximo, por lo que ofrece la oportunidad de "estar cazando" cuando uno ni siquiera está en el monte y anda con algo de tiempo libre para darle vueltas en la cabeza a cómo afrontar el diseño de uno nuevo o las mejoras que podríamos incorporar al final de la temporada.

En cuanto a las distancias de tiro en mis cebaderos raramente hay uno que haga 20 metros:

Lo normal es que sean de menos, bastante menos... muchos por debajo de los 10 metros incluso... y casi nunca en un puesto elevado si no pie a tierra porque requiere una espera mucho más exigente (sin ir más lejos tengo ahí almacenado desde hace casi cinco años un puesto elevado para dos ocupantes, con su escalera, sus arneses de seguridad y demás parafernalia que me regalaron y ahí está... sin usar... y me da una pereza llevar todo eso al monte e instalarlo... ).

No hay que usar ramas cortadas para hacer u ocultar el puesto por tres razones:

  1. La primera es muy obvia, se acaban marchitando y dejando claro que eso es "artificial" a ojos de cualquiera.
  2. La segunda no es tan obvia, pero en su momento escribí un artículo sobre como ven los animales y, los cérvidos en concreto, ven sumamente bien en el rango ultravioleta y, en ese rango, las ramas cortadas se aprecia que lo son no a los días si no a las pocas horas, una o dos, de estar cortadas, así que los ciervos aprecian de inmediato que eso no es algo natural.
  3. La tercera es más comprensible y y evidente y, pese a ello, la inmensa mayoría de la gente no tiene en cuenta que para mantener ese puesto "verde" hemos de ir cortando continuamente más ramas y plantas... y nadie se va a un kilometro o dos a hacerlo, si no que toma las más próximas, eso cambia el perfil, "la foto fija" que los animales tienen de ese entorno, lo que los pone en alerta de inmediato.

Por otra parte, también en otro hilo hablé del camuflaje y del error común de pretender ocultarse DETRÁS de lo que sea cuando realmente la mejor ocultación se consigue situándose delante, a ser posible a la sombra y vistiendo ropa que se difumine con lo que tenemos detrás.

La ventaja de formar un puesto así es que, en lugar de quitar para hacerse hueco para el disparo y de añadir para ocultarnos basta con atar para unir y espesar lo que vayamos a tener detrás de forma que nuestra silueta no se recorte contra un fondo semivacío si no que se funda con algo espeso y cerrado.