Historia del arco y las flechas

Enviado por Sombra el Dom, 07/04/2019 - 11:34

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Historia y prehistoria

La invención del arco y las flechas es anterior a la historia, se produce en la prehistoria, un periodo en el que aún no existe la escritura y, en consecuencia, no se registran los hechos y su cronología por lo qué, hasta la fecha, se consideraba que no se podia determinar ni donde ni cuando se produjo su invención.

Yo opino que al menos una de esas dos cosas, a la vista de algunos datos y descubrimientos y, sobre todo, aplicando la lógica, ya se puede establecer de una forma bastante consistente y es por eso que quiero iniciar esta sección, donde trataremos la historia del arco y las flechas desde la prehistoria a la historia y después hasta nuestros días, empezando por ello y haciéndoos a todos participes de mis ideas y razonamientos.

Creo que para entrar en el tema hay que entender que la principal dificultad para determinar el origen del arco y las flechas y la fecha de su invención reside en qué el material orgánico no suele pervivir durante largos períodos de tiempo imposibilitando por lo tanto el análisis y datación de unos restos qué, sencillamente, casi no existen.

En cuanto a restos, quizás el más extraordinario que ha llegado a nosotros sea el de Ötzi qué, envuelto en un glaciar, se momificó y conservo hasta nuestros días con todo su equipo de cazador qué, entre otros objetos, incluía un arco largo (1.82 m) de tejo a medio confeccionar y un carcaj con catorce flechas, dos de ellas rotas, con puntas de piedra tallada y emplumadas, y otra docena de ellas sin puntas, a medio confeccionar, realizadas unas con ástiles de Viburnum, posiblemente árbol del caminante (Viburnus lantana) o durillo (Viburnum tinus) y las otras con Cornus, posiblemente cornejo sanguino (Cornus sanguinea), pero su datación sólo nos retrotrae al Calcolítico, la Edad del Cobre, sobre el 3.255 antes de Cristo, menos de 5.300 años atrás.

Carcaj y flechas de Ötzi
Carcaj y flechas de Ötzi

 

Imagen en detalle de las puntas, de las qué no he podido encontrar información sobre su material.

Detalle de las puntas de las flechas de Ötzi

 

Unos mil años después, en un enterramiento realizado en la Cueva de Los Gatos, cercana al Barranco de Aguas Vivas, en Alzira, provincia de Valencia, alguien depositaba una antrebracera, la primera de la que se tiene noticia:

Antebracera en arenisca hallada en un enterramiento de la Cueva de los Gatos, Alzira, Valencia

 

Se trata de una antebracera, protector de antebrazo, realizada en sablón (tipo de arenisca de grano grueso) con unas medidas de 3.70 cm de ancho, 12.80 cm de largo y un grueso de 0.90 cm con forma ahusada y dos perforaciones, una en cada extremo.

Y es una constatación para cualquier arquero, porque todos sabemos lo importante que es, y más en climas fríos, ya qué no sólo protege el brazo de impactos de la cuerda si no qué impide interferencias de la ropa que pueden desviar el tiro, una constatación decía, de lo difícil que es encontrar restos relacionados con el uso de arcos y flechas más allá de las puntas:

Durante milenios han debido de existir cientos, miles de millones de antebraceras realizadas en cuero, corteza, fibras vegetales, juncos, finas ramas, etc y hasta esa primera antebracera de arenisca nada, ni rastro de ellas al menos hasta donde yo se.

En cuanto a las puntas, las más antiguas puntas líticas (de piedra) con restos datables de un adhesivo a base de resina que permite presumir que se instalaban en algún tipo de empuñadura o ástil, pudieron ser fechadas en hace unos 64.000 años y fueron excavadas en las capas de sedimentos antiguos de la cueva de Sibudu, en Surafrica.

Por lo tanto y en base a lo que sabemos, el arco y las flechas debieron aparecer aproximadamente desde aquel momento y lugar hace 64.000 años y, de no ser así cómo es presumible y explicaremos después, con posterioridad a esa fecha y anterioridad a los 9.000 años antes de Cristo porqué hasta hoy se acepta, tal y cómo se declaró en su día por parte de sus descubridores, qué la invención del arco y las flechas se debió de producir en el norte de Europa, ya que en Dinamarca se hayaron los arcos más antiguos existentes en una sola pieza, los arcos de Holmegaard, hechos de Ulmus (se considera qué los olmos eran los arboles más frecuentes del mundo antes de la epidemia de grafiosis que actualmente los ha puesto en peligro de extinción) qué fueron fechados en el 9.000 antes de Cristo.

También se hayaron fragmentos de arcos en Stellmoor, en el norte de Alemania, que fueron fechados aproximadamente en el 8.000 antes de Cristo pero qué, por desgracia, fueron destruidos al ser bombardeado Hamburgo durante la Segunda Guerra Mundial, antes de qué la datación por radiocarbono estuviera disponible; por lo que su edad se les atribuye por asociación arqueológica y es menos fiable.

Asi pues las dos cuestiones cardinales son cuando y donde ya qué el cómo es algo materialmente imposible de conocer y sobre lo que tan sólo podemos teorizar.

 

La datación

Uno de los aspectos más problemáticos de los restos arqueológicos prehistóricos es su datación, especialmente en el caso de los elementos líticos puesto que su datación física corresponde al material y no a cuando este fue transformado, tallado o pulido, por lo que su datación debe establecerse en función de su contexto.

Siendo conciso, por contexto se entiende tanto la capa estratigráfica donde fue excavado el material en cuestión, es decir, los materiales hallados en su entorno directo, cómo cualquier material datable adherido al mismo.

De forma muy resumida así, datando el contexto, se define, con mayor o menor margen y exactitud, la edad de cualquier objeto o artefacto no orgánico, una datación absoluta qué, al no disponer de equipos de medición universal, ya qué ninguno de ellos es fiable al 100% ni cubre toda la escala temporal ni sirve para cualquier tipo de material, no siempre permite fijar la datación con certeza absoluta.

Pero existe o al menos se acepta otra forma de datación, la datación relativa qué, si bien no nos facilita una fecha del objeto o artefacto en cuestión, si nos permite establecer qué es anterior o posterior a otro o a un suceso dado.

Para explicarlo imaginemos qué, por ejemplo en Pompeya, aparece algo recubierto de una capa de lava:

Se puede suponer que corresponde al momento de la erupción del Vesubio qué destruyó la ciudad, lo que es bastante obvio pero, si al lado encontramos otro objeto bajo una capa de tierra y qué sobre el, o en esa capa de tierra, tiene un deposito de cenizas volcánicas, se puede inferir que es anterior a esa destrucción de la ciudad, aún si es por unos dias o incluso unas pocas horas, ya qué esas cenizas debieron caer antes de la llegada de la colada de lava, luego el objeto fue enterrado y, con posterioridad, fue cubierto por la lava.

Con ello no se puede definir si eso ocurrió unas pocas horas antes o incluso años antes, es decir, es imposible determinar cuando existió el objeto, por lo qué no se le puede dar una datación absoluta, pero si afirmar que, con certeza, fue anterior a la erupción y la llegada de la colada de lava y darle así una datación relativa.

Y si al excavar un poco más encontramos otro qué, en lugar de una capa de tierra y bajo ella una capa de cenizas todo ello cubierto por la lava, está bajo un estrato de tres capas de tierra intercaladas por capas de ceniza volcánica, se podría inferir que ese objeto es más antiguo que el primero y que el segundo, aún sin que fuera tampoco posible saber en qué momento exacto para darle una datación absoluta.

Así pues, aun sin poder conocer en que momento existieron, si es posible establecer en que orden temporal lo hicieron.

Hasta hoy, para intentar definir el lugar donde el hombre prehistórico inventó el arco y las flechas tan sólo contábamos con dataciones absolutas que comprendían un margen tremendo de tiempo desde, como ya se ha dicho, las primeras puntas de piedra tallada de hace 64.000 años con restos adheridos de adhesivo, hasta los arcos más antiguos hayados, qué evidencian por si mismos su existencia, con una datación que los retrotrae a unos 8.000 o 9.000 años atrás, definiendo un periodo de unos 55.000 años durante el que debieron aparecer.

Eso es lo máximo que nos pueden ofrecer las dataciones absolutas qué, no debemos olvidarlo, no se tiene certeza de que sean exactas debido a los métodos de datación y a las limitaciones y precisión de los equipos de medida.

Así pues, con esos datos parece, y es, muy aventurado arriesgarse a señalar un momento concreto en el tiempo que nos permita afirmar que fue entonces.

En cuanto a definir el lugar, sin conocer el momento de la invención, parece algo aún más imposible de determinar.

Y sin embargo yo creo saber con bastante certeza donde fue inventado el arco y las flechas y lo voy a argumentar.

 

Sobre mi y mi "autoridad" para opinar en esto

Yo no soy arqueólogo, ni académico, ni técnico en datación, aunque si es cierto qué mi formación en electrónica me facilita comprender algo mejor que a la media cómo funcionan los equipos que permiten establecer esa datación y cuales son sus limitaciones.

En consecuencia, "autoridad" en el sentido de la que pueda tener alguien titulado o que haya cursado estudios formales en estos temas, o que sea un académico o un especialista, incluso un técnico, no tengo ninguna, ni la más mínima.

Sin embargo presto bastante atención a todo lo relacionado con mis intereses y aficiones y tanto la caza con arco cómo la historia son dos de ellas.

Y pienso.

Utilizo mi cabeza, mi pobre y selectiva memoria, mis conocimientos y los que puedo recabar y mi poca o mucha inteligencia para relacionar datos con conocimientos muchas veces eclécticos, y hacer deducciones o alcanzar conclusiones e invierto mi tiempo y mis muy escasos recursos económicos, ya qué al fin y al cabo no soy mas que un trabajador y padre de familia cuyo sueldo esta bastante por debajo del salario medio de este país, en establecerlos y si es posible comprobarlos.

Así que mi "autoridad" tan sólo se basa en qué puedo presentar algunos resultados que acreditan la certeza de parte de lo que pienso, descubro o deduzco y de la coherencia de los razonamientos que me llevan a mis conclusiones y hallazgos y en los propios razonamientos y conclusiones que voy a exponer.

Por ejemplo, hace ya años, a principios de los 90, cúando estaba en lista de espera para operarme, inmovilizado y terriblemente aburrido a raíz de una lesión en los ligamentos cruzados de mi rodilla izquierda, producida mientras corría ladera abajo para cortar a un jabalí, lo hice para deducir por donde debía discurrir el trazado antiguo de la Via Augusta al sur de Valencia.

Al poco de accidentado, durante la visita de una amiga estudiante de arqueología, la conversación que mantuvimos derivó a la fiabilidad de las fuentes históricas y los "errores de copia", errores que yo sostenía qué era inconcebible qué fueran tantos por lo qué mas bien parecían ser la "solución fácil" para obviar las inconsistencias de bonitas teorias, lo qué desperto mi interés por el tema e, inmovilizado como estaba, me entretuve consultando fuentes históricas con inconsistencias entre ellas o con supuestos "errores de copia" en si mismas, declarados en multitud de investigaciones y por diferentes autores, cómo el Itinerario de Antonino, los Vasos Apolinares o de Vicarello, los itinerarios-lista Ravenae y Guidonis y la geografía de Estrabón y, leyendo "El Miliario Extravagante", el ya desaparecido boletín sobre vías romanas y caminos antiguos de D.Gonzalo Arias Bonet (e.p.d.) además de otras fuentes para investigar aspectos colaterales cómo Sertorius del Dr. Adolf Shulten, un fascinante articulo sobre la navegación medieval de D.José Antonio Hurtado García (ingeniero aeronáutico), absolutamente recomendable y fascinante si cómo yo navegas y un muy interesante tratado sobre castramentación romana, creo recordar qué una traducción de Epitoma rei militaris de Vegecio qué, junto a más de un millar de libros de mi biblioteca personal, gran volumen de documentación y casi tres cuartas partes de mi colección de mapas militares de España, se perdió hace algunos años en la inundación del sótano donde los almacenaba.

Tras documentarme con todo ello y partiendo de la premisa de qué todas las fuentes debían ser completa o casi completamente fiables y ciertas, sin error alguno en ellas, me puse a pensar y a trabajar con mi abundante colección de mapas geográficos del ejercito en base a los conocimientos sobre lectura de mapas y topografía que adquirí durante mis muchos años en los boyscouts, aplicando el sentido común y planteamientos tan básicos cómo, entre otras cosas, suponer qué, si en origen esa vía antigua fue establecida por militares y como vía militar, su trazado debía ser estratégico y, siempre sobre el papel y sin haber visto ni un resto ni nada que me diera más información, deduje por donde debía transcurrir ese trazado y las variaciones del mismo que se calificaban cómo "errores de copia".

Cómo es lógico establecí varias posibilidades y variantes y, cuándo después de los dos años transcurridos entre mi accidente, la lista de espera y la rehabilitación posterior a la artroscopia de mi rodilla volví a estar en condiciones de "pisar monte" fui a ver si mis deducciones tenían el menor viso de realidad y, entre otras muchas cosas, mirad...

Imagen de parte del trazado de la Vía Augusta al sur de Valencia hallado por mi tras deducir su localización

​Parte del trazado de la Vía Augusta al sur de Valencia hallado por mi tras deducir su localización donde supuse que debía estar

 

Justo cómo presumí, en el terreno más alto, lo más estratégico desde el punto de vista militar, recorriendo la vertiente de aguas, kilómetros de restos de una vía romana desconocida hasta ese momento, de LA vía romana que cita Estrabón cuando nos dice (cito de memoria, [sic por mi memoria]) qué...

Antaño la Vía Augusta discurría sobre un trazado más duro que la llevaba al Campo Spartario

La Vía que pisaron personajes como Anibal con sus elefantes, Pompeyo o Julio Cesar, el trazado antiguo del camino qué desde Cadiz llevaba a los Pirineos y alli conectaba con la Via Domitia y seguia hasta Roma antes de que la Pax Romana permitiera trazarlo por los valles y hacerlo más cómodo a los viajeros de la época de Estrabón.

Obviamente preparé un informe y lo puse en conocimiento de las autoridades arqueológicas de la Consejería correspondiente de la Generalidad Valenciana y, algún tiempo después, en el 98, lo hice público en mi web, aunque omitiendo algunas partes qué localizaban con bastante exactitud restos valiosos susceptibles de expolio y algo más, muy importante, qué he mantenido silenciado todos estos años y voy a hacer publico aquí y ahora ya qué han transcurrido más de veintiún años desde que lo publiqué y más tiempo aún desde qué informé de ello y cómo nada se ha hecho al respecto creo que ya puedo hacerlo publico para qué, si en el futuro alguien lo dice o lo halla, exista una constancia publica de quien lo estableció primero:

Al publicarlo también omití una sección entera de mi informe original que trata la asociación entre Quinto Sertorio y Mitrídates, Rey del Ponto qué, en guerra con Roma en aquellas fechas, pensó que apoyar a Quinto Sertorio distraería fuerzas romanas aliviando la presión sobre sus tropas y que si la facción de Sertorio ganaba la guerra civil, su reino podría verse favorecido por el apoyo prestado, la embajada que Sertorio envió por mar a Mitrídates para acordarlo y la remisión de apoyo económico y naval de este, la duración de esas singladuras y qué fue de esas entre cuatro y seis toneladas de plata, una buena parte de la cual si no toda necesariamente estaba acuñada, posiblemente como denarios, de cuando y donde llegó ese envío, de las decisiones qué forzó, de las consecuencias que tuvo, entre ellas la caída de Valentía Edetanorum, la Valencia actual, ante las fuerzas de Cneo Pompeyo Magno estando las de Quinto Sertorio, qué de haberse sumado a la batalla habrían superado en más de tres a uno a las de Pompeyo, a menos de una jornada de marcha, y una qué, cómo frase hecha, ha llegado hasta nosotros, "matar al mensajero", acción radical que tuvo que tomar Sertorio para que no llegase a oídos de sus fuerzas y aliados la noticia que ese mensajero le trajo de la proximidad de las fuerzas de Quinto Cecilio Metelo Pío, a una jornada o menos de marcha, y así poder disponer adecuadamente de toda esa plata sin afrontar una rebelión, qué hizo de ella, donde la depositó, porqué jamás la pudo recuperar ni fue buscada ni accidentalmente hallada y donde sigue hasta el día de hoy, lo que al parecer y vistos los bastantes más de veintiún años transcurridos desde que lo informé, no parece ser del interés de nadie.

También omití otra sección completa sobre la batalla de Sucro qué explica y motiva los diferentes movimientos estratégicos de las tropas en conflicto, movimientos aparentemente sin sentido, qué sólo adquieren lógica al correlacionarlos con la geografia del lugar de la batalla, que no era conocido y que localice, asi como el emplazamiento de los campamentos de Pompeyo y Sertorio, que luego devino en la ciudad romana de Sucro, cuyo emplazamiento también era desconocido, y con la existencia del envio de la plata de Mitridates, explicación qué, pese a ser clave porqué al dar sentido a una serie de movimientos de tropas y acciones en apariencia ilógicas y sin sentido desde un punto de vista estratégico confirman tanto el lugar de la batalla cómo la presencia de ese envio de plata, tampoco parece haber despertado el menor interés.

Pero no ha sido el único caso y este otro en particular, mi afirmación y explicación de qué las pequeñas puntas líticas hayadas en los yacimientos de todo el mundo y no las grandes, eran las puntas de flecha destinadas en la prehistoria a la caza de grandes mamiferos, qué publico ahora por primera vez, quizás sirva para conocer cómo alcanzo determinadas conclusiones:

Hace también muchos años, a finales de los 80, leyendo en "Hunting with the Bow and Arrow" publicado por Saxton Pope en 1.923 (si, en efecto, ese Pope, el de "Pope and Young"), la historia de Ishi, el último indio cazador con arco de la tribu Yana (o Yahi) de California (lo podéis encontrar digitalizado y gratis en el Proyecto Gutemberg, junto algo más de otras 59.000 publicaciones (59.160 más en el momento de publicar esto) cuyo copyright ha caducado) tras horrorizarme leyendo el cruel exterminio de su tribu por parte de los colonos americanos de Califonia...

...y sintiéndolo mucho, aunque os voy a ahorrar el relato de aquella horrible matanza, me vais a tener que disculpar porque voy a hacer un inciso, había abierto un paréntesis para decir unas palabras al respecto pero no.

No es suficiente.

Es un tema que me indigna demasiado cómo para dejarlo pasar con unas pocas palabras aún siendo consciente de que hablar de ello desatará la polémica y de qué en realidad nada tiene que ver con la temática de este sitio, pero no importa porque ya es hora de plantar cara y de que quien sepa, hable y se empiecen a desmentir falsedades y falacias que son insostenibles.

...y al final ese primer paréntesis que se transformó en un inciso y qué acabó extendiéndose hasta conformar un largo artículo, ha acabado por devenir en una sección completa, España y las Españas Americanas, total, completa y absolutamente "políticamente incorrecta" qué, aunque no se ajusta a la temática del sitio, he decidido incluir aquí y qué te recomiendo que leas detenidamente con la esperanza de qué te induzca a la reflexión.

Así qué, cómo esa parte ya tiene su lugar y desarrollo, permiteme que siga con el tema de este artículo.

Leyendo decía, en esa obra de Saxton Pope sobre Ishi, su arco [de 42' (106,68 cm) de largo, qué tenia 45# (20,41 kg) y el lo abría a 26" (66,04 cm)], sus flechas [de unas 32" (81,08 cm)], sus puntas de piedra tallada y otras cosas, me llamaba la atención la baja potencia de ese primitivo arco que fabricó para cazar (para caza mayor no se suelen usar arcos por debajo de las 60#, lo usual es usar unas 70#, yo, por ejemplo, uso 78# y en mi juventud llegue a usar 80# e incluso puntualmente más).

Asi que todo eso fue algo qué simplemente llamó mi atención y qué, cómo muchas otras cosas, quedó en mi memoria.

Y, a fuer de ser sincero, debo hacer un inciso para decir que ahora mismo estoy dándome de cabezazos contra la pared porqué, releyendo el libro del Dr. Pope a fin de recabar datos sobre las características del arco de Ishi, sus flechas y sus puntas para documentar este artículo con exactitud, han surgido ante mis narices dos evidencias que abundan en la tesis que defiendo y que en su momento me pasaron inadvertidas.

En mi descargo tan sólo puedo decir qué, bien cuando lo lei hace ya mas de treinta años mi ingles no estaba a un nivel de comprensión tan bueno como ahora, bien qué lei demasiado apresuradamente determinados pasajes, bien qué por aquel entonces lo que pensaba o creía respecto a la caza con arco me hizo obviar y pasar por alto varias cosas, a saber:

El primer aspecto del que acabo de cobrar conciencia ahora mismo mientras escribo estas líneas sólo es completamente relevante a nivel de la caza con arco, aunque a nivel antropológico y arqueológico pienso que puede ser de interés.

En primer lugar hay que entender quien y qué era Ishi y para ello voy a citar literalmente al Dr. Saxton Pope quién, tras haber sido capturado Ishi en 1.911 y ser "reclamado" por el profesor Dr. T. T. Watterman, de el Departmento de Antropología de la Universidad de California, fue conducido a San Francisco, donde el Dr. Pope trabó conocimiento con él dado qué, para darle una ocupación (qué desgraciadamente le condujo a la muerte dada su carencia de defensas en aquel mundo anterior a la penicilina (descubierta en 1.926) y los antibióticos cuando, tras contraer diversas enfermedades infecciosas, finalmente contrajo una tuberculosis que acabó con su vida) mientras lo seguía estudiando el Dr. Watterman, le emplearon como celador en la Escuela Clínica Universitaria, sita al lado del Museo en el Campus, donde el Dr. Pope prestaba servicio cómo Instructor en Cirugía y, hablando de Ishi, nos dice de él:

He had learned to make fire with sticks; he knew the lost art of chipping arrowheads from flint and obsidian; he was the fisherman and the hunter. He knew nothing of our modern life. He had no name for iron, nor cloth, nor horse, nor road. He was as primitive as the aborigines of the pre-Columbian period. In fact, he was a man in the Stone Age. He was absolutely untouched by civilization. In him science had a rare find. He turned back the pages of history countless centuries.

Traduzco:

Él había aprendido a hacer fuego con palos; él conocía el perdido arte de exfoliar puntas de flecha de piedra y obsidiana; él era el pescador y el cazador. Él no conocía nada de nuestra vida moderna. Él no tenia nombre para el hierro, ni para la ropa, ni para el caballo, ni para los caminos. Él era tan primitivo cómo los aborígenes del periodo precolombino. De hecho, él era un hombre en la Edad de Piedra. Él estaba absolutamente intocado por la civilización. En él la ciencia tuvo un raro hayazgo. Él retrotrajo las paginas de la historia incontables siglos.

Así púes, Ishi, un hombre de la Edad de Piedra, con técnicas y tecnología de la Edad de Piedra, construyó ante el Dr. Pope un arco, sus flechas y sus puntas mostrándonos a principios del siglo XX lo qué a día de hoy yo como arquero moderno interpreto como un "montaje" Ashby y qué, en su día cuando lo leí hace ya más de treinta años, antes de conocer el Estudio Natal del Dr. Ed Ashby en el que plasmó los resultados de cuatro años de investigación por encargo del Gobierno de Suráfrica sobre la letalidad de la flecha en la fauna de caza mayor africana, no supe apreciar, y nuevamente cito al Dr. Pope:

It is a great privilege to have lived with an unspoiled aborigine and seen him step by step construct the most perfect type of bow and arrow.

The workmanship of Ishi was by far the best of any Indian in America; compared with thousands of specimens in the museum, his arrows were the most carefully and beautifully made; his bow was the best.

It would take too much time to go into the minute details of his work, and this has all been recorded in anthropologic records, [Footnote: See Yahi Archery, Vol. 13, No. 3, Am. Archaeology and Ethnology.] but the outlines of his methods are as follows:

...

Y le traduzco:

Es un gran privilegio haber vivido con un aborigen virgen y verle construir paso a paso el más perfecto tipo de arco y flecha.

La artesanía de Ishi fue de lejos la mejor de cualquier indio en América, comparada con miles de espécimenes en el museo, sus flechas fueron las más cuidadosamente y bellamente hechas; su arco era el mejor.

Llevaría demasiado tiempo entrar en los detalles al minuto de su trabajo, y han sido registrados todos ellos en archivos antropológicos, [Nota al pie: Ver Yahi Archery, Vol. 13, N°. 3, American Archeology and Ethnology.] pero las lineas generales de sus métodos eran cómo sigue:

...

Y ahí entra en la fabricacion del arco, algo que aquí voy a obviar para centrarme en la flecha, pero de lo que prometo ocuparme en otro momento y lugar aquí mismo más adelante.

Sobre las flechas nos dice el Dr. Pope:

Ishi called an arrow sa wa.

In making arrows the first thing is to get the shafts. Ishi used many woods, but he preferred witch hazel. The long, straight stems of this shrub he cut in lengths of thirty-two inches, having a diameter of three-eighths of an inch at the base when peeled of bark.

He bound a number of these together and put them away in a shady place to dry. After a week or more, preferably several months, he selected the best shafts and straightened them. This he accomplished by holding the concave surface near a small heap of hot embers and when warm he either pressed his great toe on the opposite side, or he bent the wood backward on the base of the thumb. Squinting down its axis he lined up the uneven contours one after the other and laid the shaft aside until a series of five was completed. He made up arrows in lots of five or ten, according to the requirements, his fingers being the measure.

The sticks thus straightened he ran back and forth between two grooved pieces of sandstone or revolved them on his thigh while holding the stones in his hand, until they were smooth and reduced to a diameter of about five-sixteenths of an inch. Next they were cut into lengths of approximately twenty-six inches. The larger end was now bound with a buckskin thong and drilled out for the depth of an inch and a half to receive the end of the foreshaft. He drilled this hole by fixing a long, sharp bone in the ground between his great toes and revolved the upright shaft between his palms on this fixed point, the buckskin binding keeping the wood from splitting.

The foreshaft was made of heavier wood, frequently mountain mahogany. It was the same diameter as the arrow, only tapering a trifle toward the front end, and usually was about six inches long. This was carefully shaped into a spindle at the larger end and set in the recently drilled hole, using glue or resin for this purpose. The joint was bound with chewed sinew, set in glue.

Y vuelvo a traducir:

Ishi llamaba a la flecha sa wa.

Para fabricar flechas la primera cosa es conseguir los ástiles. Ishi usaba muchas maderas pero su preferida era el avellano de bruja. El cortaba los largos y rectos tallos de este arbusto en largos de treinta y dos pulgadas, con un diámetro de tres octavos de una pulgada en su base una vez pelada la corteza.

Él unía un numero de ellos juntos y los dejaba apartados en un lugar sombreado a secar. Tras una semana o más, preferiblemente algunos meses, él seleccionaba los mejores ástiles y los enderezaba. Esto lo efectuaba manteniendo la superficie cóncava cerca de un pequeño montón de ascuas calientes y cuando estaba caliente, presionaba su dedo gordo en el lado opuesto o doblaba la madera hacia atrás en la base del pulgar. Forzando su eje alineó los contornos desiguales uno tras otro y dejó el ástil a un lado hasta qué completó una serie de cinco. Él fabricaba las flechas en lotes de cinco o diez, de acuerdo a las necesidades, sus dedos eran la medida.

Los palos así enderezados él los pasaba de un lado a otro entre dos piezas de arenisca estriadas o las giraba sobre su muslo mientras sostenía las piedras en su mano, hasta que quedaban lisas y se reducian a un diámetro de aproximadamente cinco dieciseisavos de una pulgada. Luego las cortaba a una longitud de aproximadamente veintiséis pulgadas. El extremo grueso lo envolvía entonces en una tira de piel de ciervo y lo taladraba hasta una profundidad de pulgada y media para recibir la parte posterior del astil delantero. Él taladraba ese agujero fijando un largo, afilado hueso, en el suelo entre sus grandes dedos y revolviendo el ástil vertical entre sus palmas sobre ese punto fijo, el atado de piel de ciervo evitaba que la madera se rajase.

El ástil delantero estaba hecho de madera dura, frecuentemente Mahogany de montaña (nt.: Cercocarpus). Era del mismo diámetro de la flecha, sólo con un ligero rebaje en la parte delantera, y usualmente de unas seis pulgadas de largo. Este estaba cuidadosamente formado en husillo en su extremo largo y ajustado al recientemente taladrado agujero, usando cola o resina para ese propósito. La junta se recubría con tendón masticado encolado.

Esto, aparte de ser de interés para los arqueólogos experimentales y para los amantes de la arquería tradicional y prehistórica, es fascinante para todos los cazadores con arco actuales que conocemos los informes del Dr. Ed Ashby, ya que este ástil de Ishi (una vez acabado: he omitido todo lo referente al suavizado, pintado y lacado), un ástil fabricado con medios de la Edad de Piedra y con las características propias de la Edad de Piedra, presenta gran numero de las trece características principales que el Dr. Ashby define que incrementan la penetración de la flecha, que vistas lado a lado son:

Comparativa del ástil Ashby y el ástil Ishi
Ashby Ishi
1º.- Integridad estructural de la flecha que evite vibraciones Todo pegado y atado con tendón encolado
2º.- Vuelo estable de la flecha Se le supone

3º.- Grado de FOC1 (se produce un notable incremento de penetración a partir del 19% (EFOC) con incrementos de penetración según configuración qué van del 40% al 60%, y un extremo aumento a partir del 30% (Ultra-EFOC) aún no cuantificado).

El ástil monta una parte delantera de 6" (15,24 cm) en madera dura (más densa y pesada) y una punta de piedra de sílex u obsidiana de unos 10 gramos (unos 154,32 granos) más el peso del tendón y la cola, con una parte trasera de 26" (66,04 cm) qué se afina de adelante a atrás y al final monta unos 7-10 granos en plumas más tendón y cola. Porcentaje de FOC por determinar pero presumiblemente superior al 20-25%

4º.- Ventaja mecánica de la punta (penetran mejor puntas con menos filos y con ratios longitud-anchura altos (longitud/anchura= ratio)). una punta Ashby grande mide 6,5 x 2,5 cm y 2/8" (0,64 cm) de espesor con un ratio de 2,6

Punta de dos filos de 2" de largo (3,08 cm) y 7/8" (2,22 cm) de ancho y 1/8" (0,32 cm) de espesor, con un ratio de 1,39

5º.- Relación entre el núcleo de la punta y el ástil (astiles con un diámetro un 5% menor qué el núcleo de la punta incrementan un 10% la penetración)
Punta sin núcleo a menos que entendamos como núcleo la atadura de tendón de la punta cuyo porcentaje habría que determinar
6°.- Masa de la flecha Por determinar
7°.- Acabado del filo (un filo tan afilado qué sea posible afeitarse (rasurarse) con el presenta hasta un 26% más de penetración Las puntas de silex tienen filos por lo general superiores a los de acero. La obsidiana aún produce mejores filos, de hecho se utiliza para confeccionar hojas de bisturí (escalpelo) para microcirugía nerviosa.
8°.- Perfil del ástil (los ástiles afinados (más gruesos del lado de la punta y menos del lado del culatín o nock) penetran un 8% más qué los paralelos (cilindricos) Ástil afinado por mantener la forma natural de los tallos usados en su confección
9°.- Silueta del conjunto punta astil Tiene el resalte de la atadura de tendón de la punta
10°.- Tipo de filo a un agua, como un formón Filo a dos aguas
11°.- Tipo de punta Convencional
12°.- Qué la masa de la flecha sobrepase el umbral promedio de penetración de los huesos (ese umbral se ha determinado cientificamente en aproximadamente 650 granos)

Masa por determinar (Peso estimado de la punta unos 155 granos, de las plumas unos 10 granos, de tendones y gomas/resinas para pegar todo otros 10 granos, de pinturas y lacas unos 5 granos. Total unos 180 granos a falta del peso de los ástiles delantero y trasero. Peso de una flecha tradicional de 77 cm (30,31")) en bambú con una punta de tiro de 1 1/2" de madera dura 20 gr (308,65 granos).

En consecuencia el total final debería ser superior a 490-500 granos. Teniendo en cuenta que a esta flecha en bambú le faltan 4,5" de astil en madera dura y que el bambú con certeza pesará menos que el ástil de avellano de bruja no es descabellado pensar que alcanzará esos 650 granos.

13°.- Potencia del arco 45# (en los USA la legislación actual exije un mínimo de 60# para cazar osos).

 

El segundo aspecto del que acabo de cobrar conciencia ahora mismo es que ya en las palabras del Dr. Pope se evidencia lo que yo sostengo y que nadie ha señalado ni explicado de una forma razonada hasta ahora, qué las puntas de flecha prehistóricas destinadas a la caza de grandes mamíferos eran las de más pequeño tamaño, le cito:

The general size of these points was two inches for length, seven-eighths for width, and one-eighth for thickness. Larger heads were used for war and smaller ones for shooting bears.

Y le vuelvo a traducir:

El tamaño general de estas puntas era dos pulgadas de longitud (N.T.: 5,08 cm), siete octavos de ancho (N.T.: 2,22 cm) y un octavo de espesor (N.T.: 0,32 cm). Puntas mayores eran usadas para la guerra y las más pequeñas para dispararles a los osos.

Recordemos qué el Dr. Pope nos esta describiendo cómo Ishi crea puntas de piedra (cosa qué también prometo tratar más a fondo y en detalle más adelante en el lugar apropiado) destinadas a las flechas que Ishi está preparando para salir ambos a cazar venados, ciervos.

Quizás se podría argüir qué lo de los osos es un mero comentario, una excusa para justificar lo que se podría considerar un desperdicio de material pero el hecho es qué, y vuelvo a citar al Dr. Pope:

One day in passing the base of a great rock he scratched with his toe and dug up the bones of a bear's paw. Here, in years past, they had killed and roasted a bear. This was the camp of Ya mo lo ku. His own camp was called Wowomopono Tetna or bear wallow.

Y nuevamente traduzco:

Un día pasando la base de una gran roca él escarbó con la punta de su pie excavando los huesos de una garra de oso. Aquí, hacia años, él había cazado y asado un oso. Este era el campamento de Ya mo lo ku. Su propio campamento fue llamado Wowomopono Tetna o El Revolcadero del Oso.

Así qué la realidad es qué Ishi no justificaba ningún desperdicio de material si no qué sabia muy bien como cazar osos y qué punta de flecha necesitaba para qué su arco de entonces, presumiblemente de potencia similar al que fabricó ante el Dr. Pope, le permitiera cazar osos:

Las más pequeñas y con mayor ventaja mecánica para garantizarse alcanzar los órganos vitales de ese peligroso y gran animal.

Por lo qué si yo hubiera estado más atento leyendo en su día al Dr. Pope quizás habría alcanzado mis conclusiones antes.

Pero no fue así e hizo falta algo más para llegar a ellas, así que continuaré mi exposición y razonamiento para fundamentarlas.

Años después de que leyese al Dr. Pope, un buen amigo norteamericano, George Aguado, al que conocí en persona cuando vino a España por primera vez de vacaciones pero con el que llevaba años hablando y colaborando por internet para intentar localizar su ascendencia familiar española y a quien algún tiempo después ayudaría a convencer para ser el entrenador del equipo de futbol americano Valencia Firebats, el celebre "Coach Aguado", puesto que él era entrenador universitario de fútbol americano, me obsequió con unas cuantas puntas de flecha en piedra halladas por él mismo en las Grandes Llanuras ya que conocía mi afición por la caza con arco y mi interes por la historia.

Aun recuerdo nuestra conversación elucubrando sobre esas pequeñas puntas talladas en piedra y el uso que debieron darles esos primitivos indios americanos para que se hallasen en abundancia en determinadas zonas de las grandes praderas, conversación en la que George sostenia qué, mientras las tribus se desplazaban, una avanzadilla cazaba perritos de la pradera y otros pequeños animales en la ruta que seguía la tribu y yo se lo rebatía porqué, como cazador con arco, veia muy inconcebible que esos cazadores no hubiesen recuperado la mayoría de sus valiosas (por lo costoso de su producción) flechas, dejándolas desparramadas por el terreno hasta pudrirse y quedar tan sólo sus puntas de piedra.

Eso también quedó ahí, como un dato anecdótico más en mi memoria sin la menor importancia ya que no pasaba de ser una mera especulación para explicar la anomalía de que esas puntas se hallasen en grandes concentraciones a lo largo de determinadas rutas.

Y más años después tome conocimiento de los informes del Dr. Ed Ashby sobre la penetración de la flecha y sus explicaciones sobre la ventaja mecánica.

Todo eso, junto a otro pequeño dato que no tengo recuerdo de cuando ni donde adquirí, el qué algunas de esas pequeñas puntas estuvieran etiquetadas cómo puntas "para aves y pequeños mamíferos" en la vitrina de un museo, quedó ahí hasta qué, un buen día, se produjo el desencadenante:

En un traslado de domicilio afloró la pequeña cajita de las puntas y decidí donar parte de ellas, las mejores, al Museo de Historia Natural de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad de Valencia que en aquella época estaba en plena remodelación y estando en ello, mientras que conversaba con su directora, Dª. Anna García, caí en la cuenta de qué, en realidad, esas pequeñas puntas tenían una tremenda ventaja mecánica, tanta que lo lógico era qué fuesen las puntas montadas en las flechas usadas para abatir los bisontes, los famosos buffalos de las Grandes Praderas, puesto que los arcos de escasa potencia de esos primigenios indios americanos no podrían propulsar flechas con grandes puntas con la suficiente potencia cómo para alcanzar a penetrar hasta sus órganos vitales y lo qué, ya que se cazaba durante sus migraciones, a su vez explicaba las concentraciones lineales.

Pintura de Karl Bodmer "Indios cazando bisontes"
Pintura de Karl Bodmer "Indios cazando bisontes"

 

Su uso entre las grandes manadas de bisontes a la carrera explicaba el hecho de qué los cazadores que las habían disparado no se tomasen la molestia de regresar sobre sus pasos a buscar lo que probablemente habría sido pisoteado y destrozado por el paso de miles de bisontes.

Esto es algo qué, hasta el día de hoy, aunque lo he comentado con algunas personas en privado, jamás he hecho público ni difundido.

Si estoy en lo cierto o no es algo sencillo de comprobar porqué, si tengo razón, en los restos de huesos, especialmente de costillas, hayados en todos los yacimientos del mundo, han de haber marcas de esas pequeñas puntas, marcas quizás interpretadas hasta ahora cómo producidas al desmembrar las piezas o comerlas, y en buena lógica, todos los yacimientos relacionados con caza mayor, también deberían presentar más puntas de pequeño tamaño que de gran tamaño en ellos.

Y, de ser así, en consecuencia, en todos los museos del mundo, esas pequeñas y afiladas puntas deberían ser clasificadas y etiquetadas como utilizadas en la caza de grandes mamíferos.

Obviamente, cualquiera podría objetar que al fabricar puntas talladas en piedra, se desprenden un gran numero de pequeñas lajas que se podrían haber aprovechado y reutilizado para fabricar esas pequeñas puntas para "aves y pequeños mamíferos".

Podría ser un argumento si olvidamos tanto qué las puntas grandes, aun con los potentes arcos modernos, con su escasa ventaja mecánica, difícilmente pueden alcanzar a penetrar hasta los órganos vitales de los grandes mamíferos cómo qué en la actualidad los cazadores con arco hemos descubierto por propia experiencia que para las aves y pequeños mamíferos son más eficaces las puntas de impacto que las de penetración, cosa que a buen seguro el hombre primitivo, con miles de años por delante, también debió descubrir.

Ese hecho, demostrable y comprobable por simple experimentación y qué incluso, ya que en la caza con arco actual se han definido ecuaciones para estimar la penetración en función de la fuerza, la velocidad, la masa, el momento y la ventaja mecánica de las puntas, incluso decía se puede calcular, deja patente que las puntas más grandes debieron montarse y usarse en armas con más masa que una flecha, como venablos, azagayas, jabalinas y lanzas.

Así qué, si bien no paso de ser una persona sin formación académica en estos temas, si creo plantear argumentos y deducciones bien fundadas que permiten alcanzar conclusiones coherentes qué, cómo esos restos de la Vía Augusta se pueden ver, fotografiar y estudiar (y que entiendo que se deberían proteger y conservar, aunque nada de eso se ha hecho en casi una treintena de años), o cómo mi descubrimiento sobre las puntas líticas de flecha se puede (y debería) comprobar y estudiar y qué posiblemente explique (o denote) algunas anomalías que hasta la fecha no tenían explicación o qué, más simplemente, habían pasado inadvertidas.

Y eso confirma, al menos para mi y confío en que también para ti que me lees, mi "autoridad" para exponer mis conclusiones e ideas sobre el origen del arco y las flechas.

 

  • 1. FOC: Siglas en inglés para "Front Of Center", hace referencia al porcentaje de desplazamiento del centro de equilibrio de la flecha. La E en EFOC significa "Extreme". La experiencia muestra que ese adelantado del punto de equilibrio mejora la penetración por varias razones físicas.