Rastreo, un arte casi perdido

Enviado por Sombra el Dom, 01/09/2019 - 04:32

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Rastreo, un arte casi perdido

El rastreo o pisteo parece algo mágico visto desde fuera y los rastreadores o pisteadores seres casi de otro mundo con poderes aparentemente sobrenaturales.

Y nada más lejos de la realidad.

Ciertamente no hay que quitarles ningún merito porque los rastreadores o pisteadores lo tienen y mucho...

...pero el rastreo no está fuera del alcance de cualquier cazador, no es algo imposible de aprender si no todo lo contrario:

El rastreo, cómo la lectura, es algo útil e interesante qué, cómo sucede con aprender a leer, al principio parece un imposible tan sólo al alcance de unos pocos pero en lo qué, pese a requerir un cierto esfuerzo y perseverancia inicial, una vez aprendido "el abc", unos cuantos conocimientos básicos, se progresa con bastante facilidad y rapidez con la simple práctica.

La única diferencia es que para aprender lo que significan las palabras desconocidas cuando se esta empezando a leer hay que echar mano a un diccionario mientras que cuando se rastrea para identificar una huella desconocida hay que echar mano a un buen manual de huellas o usar nuestra cabeza para deducir el motivo por el que esa huella de un animal conocido es diferente.

Los que hemos aprendido a leer en nuestra niñez no somos conscientes de la inmensidad de la montaña a la que se enfrentan los analfabetos adultos que se inician en la alfabetización hasta que nos enfrentamos a un reto como el aprender el rastreo.

Si en alguna ocasión has tenido trato con alguien analfabeto, alguien que no supiera leer, es posible que hayas alcanzado a ver en sus ojos la admiración hacia las personas alfabetizadas que si somos capaces de hacerlo.

El común de los cazadores miramos así a los rastreadores, admirados de que sepan leer esas huellas y rastros, fascinados por su capacidad de encontrar una "palabra" concreta en un "texto" de apretadas "letras" que para nosotros, legos en la materia, no son mas qué, cómo las letras para un analfabeto, un montón de trazas sin ningún sentido.

Nos parece increíble qué, además de poder distinguirlas e identificarlas, sepan cual es su significado, que las puedan leer y comprender.

Vosotros, todos, sabeis leer porque estáis leyendo esto.

A estas alturas ya habéis leído una buena parrafada y si pregunto si en ella hay alguna palabra o frase en cursiva o en negrita, o alguna palabra extraña para ti que nunca habias leido u oido antes con toda probabilidad ninguno necesitará volver a releer el texto para contestar.

Cuando un rastreador "lee" una huella o un conjunto de ellas durante el rastreo esta haciendo lo mismo y con la misma facilidad qué tu cuando lees esto y también recuerda si en lo que lleva leído del mismo ha habido algo resaltado de alguna manera o si ha leído alguna "palabra extraña" o poco común, como "buitrón" que es muy posible que la mayoría de vosotros no conozcáis, no hayáis oído nunca y no sepáis que significa.

Su descripción según la Real Academia de la Lengua Española es:

buitrón

De buitre.

  1. m. Arte de pesca en forma de cono prolongado, en cuya boca hay otro más corto, dirigido hacia adentro y abierto por el vértice para que entren los peces y no puedan salir.
  2. m. Cierta red para cazar perdices.
  3. m. En los hornos metalúrgicos, cenicero del hogar.
  4. m. Horno de manga usado en América para fundir minerales argentíferos.
  5. m. En las minas de América, era honda y solada donde se benefician los minerales argentíferos, mezclándolos con azogue y magistral después de molidos y calcinados en hornos.
  6. m. Pájaro europeo de diez centímetros de tamaño, uno de los más pequeños de este continente, que canta bamboleándose en el aire y es de color pardo manchado de oscuro, con garganta y partes inferiores blancuzcas y cola corta y redondeada.
  7. m. Cineg. Artificio formado con setos de estacas entretejidas con ramas, el cual, estrechándose, va a rematar en una hoya grande, para que, acosada con el ojeo la caza, venga a caer en ella.
  8. m. Col. chimenea (‖ conducto para que salga el humo).
  9. m. Col. Cenicero de los hornos de cocer el pan calentados con leña.
  10. m. germ. Bolsillo de grandes dimensiones que la tomadora lleva colgado debajo de la falda para guardar lo que hurta.

Como puedes ver es una palabra cargada de significados por mucho que a la mayoria nos resulte desconocida o sea poco común.

El rastreador durante el rastreo se encuentra con huellas así, que son cómo palabras que desconoce y que en cuanto le sea posible investigará para ampliar su "vocabulario" y entender mejor los rastros que en el futuro pueda encontrar.

Pero igual que nosotros al leer encontramos en ocasiones palabras que desconocemos, qué jamas hemos leido ni visto pero de las qué, sin nos paramos a pensar, podemos analizar y deducir su significado, el rastreador también encuentra en su rastreo huellas que requieren de su experiencia, conocimientos e inteligencia para poderlas interpretar y leer.

Por ejemplo, ¿leíste u oíste en alguna ocasión la palabra "bicéfalo"?.

Si no es así quizás puedas deducir, podamos deducir, su significado porque "bi" es un prefijo bastante usual que nos indica que se hace referencia a algo doble o que tiene dos partes mientras que la segunda parte "-céfalo" la encontramos en palabras como "cefalea", "dolor de cabeza" luego, aún sin conocer lo que significa la palabra, podemos inferir que un bicéfalo es algo que tiene dos cabezas.

Igual que sucede con las palabras desconocidas, habrá ocasiones en las que resulte más o menos sencillo entender que significa esa huella anómala hallada en nuestro rastreo o que el contexto, lo que hay a su alrededor, nos descubra su significado o nos de alguna orientación sobre el, aunque en otras ocasiones hasta el final del rastreo e incluso mucho después, rememorando y analizando todo, no se alcance a comprender su porqué ...hasta es posible que la respuesta tenga que esperar a volver a encontrar algo similar en otro rastro otro día.

¿No te parece algo fascinante?

A mi me lo pareció en su día y por eso me interesé en aprender a rastrear, dejando aparte su utilidad para cualquier cazador, qué también es evidente que la tiene.

Te aseguro que la experiencia de ponerte sobre un rastro y ser capaz de leerlo y seguirlo es algo qué, como cazador, le llena a uno de satisfacción y qué cobrar una pieza que si no hubiéramos sabido leer el rastro no habríamos cazado o recuperado, muchísimo más aún.

En estos artículos vamos a ver "El ABC", la cartilla de las primeras letras del rastreo.

Aquí vamos a intentar empezar a aprender a leer de corrido y con seguridad y, quizás, incluso a empezar el máster.

Conseguirlo dependerá de tu interés en aplicar en el campo lo que leas aquí, porque sólo leerlo no basta.

Aprovecha la función de comentarios o en los Foros para presentar las huellas que descubras y comentar que piensas de ellas y porqué y para hacer todas las preguntas que precises.

 

El que no sabe es cómo el que no ve

El titulo de este apartado es un viejo refrán qué encierra una gran verdad.

Volviendo a la comparación de leer un texto con leer un rastro, quien no sabe leer es como si estuviera ciego a lo escrito e imposibilitado de aprender lo que ese texto enseña y, comparativamente, quien no sabe leer un rastro esta ciego a todo lo que este nos "relata".

Vamos a ir viendo como leer, interpretar, algunas de las cosas más básicas de ese relato.

Ante una huella de un animal vivo e intacto lo primero que nos suele interesar saber es de que animal es, qué tamaño tiene ese animal, si es macho o hembra, en qué dirección se desplazaba, a que velocidad iba y cuanto tiempo hace que la dejó.

Si se trata de un animal herido, nos interesa saber todo lo anterior y, además, cómo es su herida y cual es su gravedad.

La sangre cómo es lógico y cómo ya has podido leer en el artículo "Tras el disparo, cómo rastrear y cobrar la pieza" nos va a contar gran parte de esa historia pero aún sin existir el menor rastro de sangre es posible distinguir por sus huellas a un animal sano de uno herido y, lo que es más, que tipo de herida tiene e incluso cual es su importancia.

Yendo por partes, lo primero es....

 

Identificar al animal

Para la identificación no siempre es necesario reconocer específicamente la huella aunque, cómo es obvio, si se reconoce la identificación ya esta hecha.

Pero incluso en rastros difusos donde no se puede distinguir con exactitud la huella la distribucion de estas en el terreno, su tamaño, la posición relativa respecto a otras huellas y la distancia entre las impresiones nos puede permitir identificar al animal.

Cómo se puede apreciar en estos dibujos de huellas (y me disculpo por no dibujar bien) con su tamaño proporcionado (y en el archivo imprimible en el que están a escala real) que veremos en el próximo artículo "Rastros. Conocimientos básicos"...

Para el rastreo es necesario conocer las huellas de los animales y las proporciones entre ellas, en la imagen algunas de animales con pezuña
Para el rastreo, conocer las proporciones de las huellas de diferentes animales entre ellas es fundamental y aquí podemos ver, todas a la misma escala, las de algunos animales con pezuñas

 

El tamaño de las huellas, aún si tan sólo vemos unas marcas inidentificables, si no es qué nos dice la especie que las dejó, limitará a tan sólo dos o tres de ellas las posibles.

La forma en la que las huellas se distribuyen en un grupo de ellas también porque, como veremos más adelante en futuros artículos, existen diferencias entre las andaduras de las diferentes especies, en algunos casos muy marcadas y fáciles de percibir durante el rastreo y en otros muy sutiles, casi imperceptibles.

 

Descubrir su tamaño

El tamaño del animal esta directamente relacionado con el de su huella, pero la huella puede deteriorarse o el tipo de terreno en el que fue impresa dificultar la lectura de su dimensión real.

Lo que no cambia nunca es la relación entre las huellas de un rastro:

Aún si resultan ser simples marcas indistinguibles la distancia entre ellas es una constante derivada del tamaño del animal y de su velocidad de desplazamiento.

Una vez que conocemos la distribución de las huellas dejadas por un animal dado en cada uno de sus pasos de andadura, como veremos en su momento, la distancia entre estas nos habla de su tamaño real.

Incluso sin conocer sus pasos de andadura y la relación entre ellos y el tamaño del animal, la simple separación, la amplitud, entre las huellas derechas e izquierdas que podemos apreciar durante el rastreo ya nos da una gran orientación sobre su tamaño:

Los rastros de los animales mas grandes, con pechos y riñones mas desarrollados, muestran una mayor separación entre los miembros derecho e izquierdo.

 

Indentificar su sexo

El tamaño suele ser determinante para diferenciar las huellas de machos y hembras de una misma especie, pero eso depende muchísimo del dimorfismo sexual, es decir, de lo diferentes que son los machos de las hembras de una especie dada.

En algunas especies el dimorfismo sexual se percibe en la huella con claridad facilitando discriminar entre las de machos y hembras (o ejemplares jóvenes) como en el caso del ciervo pero la realidad es que se da en todos los animales, siendo por lo general las huellas de las hembras más pequeñas y, sobre todo, menos amplias (mas estrechas) y esto es así porque por lo general estas no combaten entre si, mientras que los machos si lo hacen durante el celo y esa mayor amplitud se produce al impulsarse durante los enfrentamientos o al aguantar las embestidas de sus congéneres.

Para saber más sobre el dimorfismo que pueda existir en una especie que no nos es demasiado familiar basta analizar cómo son sus combates durante el celo.

Por ejemplo, los ciervos, aunque se embisten, suelen acabar con las astas trabadas ejerciendo presión y empuje el uno contra el otro, por eso, aunque sus remos, las patas traseras, mostrarán unas pezuñas amplias, el porcentaje de amplitud en las pezuñas de sus manos, sus patas delanteras, será ligeramente mayor porque las fuerzan para afianzarse ante las torsiones y giros del oponente y para ejecutar las suyas propias.

En comparación, en los muflones y demás carneros qué se enfrentan proyectando sus testas contra la del oponente, el dimorfismo en las pezuñas de remos y manos es diferente al de los ciervos, al igual que lo es en otras especies, por la forma en la que se enfrentan durante el celo.

Pero además de en la amplitud de las huellas en si mismas el dimorfismo por esos enfrentamientos también marca su aspecto físico en general, haciéndolos mas robustos, lo qué se puede apreciar durante el rastreo en la separación entre los miembros delanteros a causa de su potente pecho y la de los traseros por sus fornidos riñones.

Las mas de las veces, en terrenos en los que las huellas no quedan lo suficientemente marcadas o donde sus detalles son indistinguibles como en la nieve profunda es el tamaño y la amplitud del conjunto de las mismas la que nos permite discriminar entre machos y hembras.

 

Saber en que dirección va

Si bien ante una huella perfectamente impresa y bien definida reconocer durante el rastreo la dirección en la que se desplaza el animal es sencillo, cuando la huella esta deteriorada o es apenas perceptible empieza a resultar un problema.

Hay dos cosas que la determinan con facilidad:

  1. Las lineas y proyecciones de detritos
  2. La disposición de las huellas unas respecto a otras

 

Los detritos

Cuando un animal pisa, especialmente los de pezuña, siempre se les queda bien algo de terreno adherido a esta, bien algunas partículas desprendidas de los laterales de la huella caen sobre ellas, adherencias y depositos que se desprenden al mover la pata y adelantarla quedando justo delante de la huella o, en el caso de terrenos arenosos y sueltos, provoca una cierta proyección de este para adelante, crea una linea de elevación, una "rebaba" que sobresale ligeramente por la parte delantera de la huella.

Obviamente la cantidad dependerá mucho del tipo de terreno y de la velocidad y peso del animal pero ocurre SIEMPRE en mayor o menor medida.

La posición de la elevación dependerá también en parte del terreno puesto que en cuestas tanto si sube como si baja la elevación suele estar en la parte baja de la cuesta.

Si se da ese caso, lo que hay que hacer es seguir el rastro en dirección a la parte llana más próxima y ahí comprobar si vamos bien o lo estamos siguiendo al revés, alejándonos del animal.

 

La disposición

En muchos pasos de andadura y en algunas especies incluso independientemente de esta, las impresiones del conjunto de huellas guardan un cierto "orden" en la posición de las huellas de patas delanteras y traseras o, cómo en el caso de las liebres, son de diferente tamaño, siendo lo más usual en los conjuntos de huellas que exista una diferencia entre las delanteras, estando una algo adelantada sobre la otra, mientras las traseras quedan prácticamente en paralelo.

Esas disposiciones delatan la dirección de marcha del animal.

 

Conocer a que paso va

Existen varias cosas que nos pueden indicar a que paso se desplaza el animal pero las tres básicas son:

La primera se puede observar en una huella suelta y es si la impresión es completa o sólo se ha impreso la punta de la mano porque a más rapido se desplaza un animal más "clava" en el terreno la "punta" y menos apoya el resto de la mano.

La segunda es, y en el caso de los animales con pezuñas se aprecia con claridad, lo que se "abren" loa dedos o las pezuñas porque a más rapido va más se abren.

La tercera la disposición de las huellas en la andadura, porque según el paso es diferente.

 

Establecer cuanto hace que dejó la huella

La antigüedad de una huella se determina bien en función de su definición, bien en el estado de los detritos.

El viento y la erosión van reduciendo la definición, degradando sus bordes y, comparándola con una huella reciente, incluso nuestra, se puede deducir con algo de experiencia cuanto tiempo hace que se dejó, pero por lo general no se puede afinar mucho en huellas muy recientes, de horas.

Con los detritos arrastrados por la mano y depositados delante de la huella ocurre lo contrario:

Al tratarse de partículas por lo general muy pequeñas se degradan y erosionan mucho más rapido y nos dan una apreciación muy fina, incluso de minutos.

Además se puede practicar esa apreciación cómodamente en casa si nos llevamos un recipiente con un puñado o dos del suelo de la zona, tomamos una pizca y la espolvoreamos como si se tratase de sal formando una linea mas nutrida al principio y con cada vez menos cantidad sobre una plancha o un plato que exponemos al viento, la lluvia o el sol.

La dejamos expuesta cierto tiempo, una hora al principio y, transcurrido este, depositamos a su lado otra linea igual y observamos las diferencias que podamos percibir entre una y otra linea de detritos.

Sacar algunas fotos con diferentes ángulos e iluminación nos permitirá tanto observarlas con más detalle cómo disponer de un tiempo ilimitado para estudiarlas.

Una hora después, depositamos otra línea al lado de estas dos primeras y así, hora a hora, vamos repitiendo el proceso.

Si no aprecias diferencias aumenta el espaciado a seis, doce o incluso veinticuatro horas entre linea y linea.

Si aprecias muchas, reduce el tiempo a medias horas o quincenas de minutos:

En función de las condiciones metereológicas y de la experiencia del rastreador es posible llegar a percibir diferencias en cuestión de minutos.

Por lo tanto, cuando acabes, guarda el material en su recipiente y vuelvelo a utilizar en otras condiciones meteorológicas.

Con algo de práctica te sorprenderás a ti mismo en como mejoran tus capacidades de rastreo.