Tras el disparo, cómo rastrear y cobrar la pieza

Enviado por Sombra el Lun, 01/07/2019 - 19:55

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Tras el disparo, cómo rastrear y cobrar la pieza

¿Qué hay que hacer tras el disparo?

Quizás sepamos que hemos alcanzado la pieza o quizás no estemos seguros de ello pero...

Escribí este artículo, ahora actualizado y ampliado, para un foro ya desaparecido hace años así que cabe en lo posible que lo hayas leído pero también es posible que no y si es así lo deberías leer y tomar buena nota.

Lo que vas a encontrar aquí no son simplemente cosas que diga yo:

Es la sabiduría acumulada por generaciones y generaciones de cazadores, españoles muchos de ellos, cazando en escenarios nacionales e internacionales y alguno que otro autenticas figuras de reconocido prestigio.

Todo lo que ellos aprendieron recibiendo consejos de otros y cometiendo aciertos y errores en lo que hicieron tras sus disparos.

Y todo lo que he aprendido yo al igual que ellos, oyendo a quien sabia, equivocándome y preguntando tras cada uno de mis disparos también.

Son muchos los comentarios en los qué he leído sobre problemas en el rastreo de piezas heridas y es por ello qué me decidí a escribir este artículo.

De antemano quiero avisaros de qué algunas de las cosas qué os voy a contar os pueden parecer tan excesivas cómo a mi me lo parecieron cuando me las enseñaron en su día.

A vuestro criterio y a las exigencias de las circunstancias va a quedar el aplicarlas o no.

Yo me voy a limitar a contarlas tal y cómo a mi me las enseñaron algunos de los mejores cazadores qué he conocido, entre ellos varios cazadores profesionales incluyendo alguno qué aún llegó a vivir ese África de los grandes safaris.

Y lo primero de lo primero es:

Si puedes acceder a un perro adiestrado para seguir rastros de sangre, dejate de mandangas y recurre al perro.

Aclarado esto, vamos a lo que hay que hacer no "tras" si no EN el disparo:

Nuestro disparo tiene que garantizar qué la flecha atraviese por completo al animal y no quede en él.

Hay tres razones básicas para ello:

  1. Qué si hay herida de entrada y de salida el sangrado es mayor
  2. Qué si la flecha no queda dentro del animal el sangrado es mayor
  3. Qué si la flecha atraviesa por completo al animal en su camino corta más vasos y órganos y el sangrado es mayor

Y una razón colateral:

  1. La mayoría de animales traspasados por completo suelen dejar rastros más bien cortos si es que dan más de unos pasos

En cualquier caso, lo que hay que hacer tras el disparo es muy sencillo:

NADA.

No hay que hacer nada.

Absolutamente nada.

Uno debe quedarse quieto por completo, y más aún si está expuesto (a la vista).

Ni pestañees, es más, si acaso entrecierra los ojos y desvía la mirada:

Limitate a observar la pieza con tu visión periférica.

Por un lado, porqué los animales pueden sentir cuando se les mira directamente y, por el otro, porqué si ven tus ojos (las mascaras de malla son una gran cosa para evitar eso así qué usalas siempre que puedas), tu movimiento o cualquier cosa extraña se van a sentir amenazados y van a generar mucha más adrenalina y la adrenalina es el super-aditivo de la naturaleza.

¿Vemos qué dice sobre la adrenalina la wikipedia?:

Ante, todo, la adrenalina es una hormona de acción, secretada por las glándulas adrenales en respuesta a una situación de peligro. Su acción está mediada por receptores adrenérgicos, tanto de tipo alfa como beta. Entre los efectos fisiológicos que produce están:

  • Aumentar, a través de su acción en hígado y músculos, la concentración de glucosa en sangre. Esto se produce porque, al igual que el glucagón, la adrenalina moviliza las reservas de glucógeno hepático y, a diferencia del glucagón, también las musculares.
  • Aumentar la tensión arterial: esto se debe al efecto Dale, donde en concentraciones elevadas de adrenalina, los efectos alfa1 enmascaran los efectos beta2 aumentando la presión; pero en concentraciones bajas, la adrenalina produce descenso de la presión arterial en respuesta a los efectos beta2 ya que tiene mayor afinidad por estos que por los alfa1
  • Aumentar el ritmo cardíaco.
  • Dilata la pupila para tener una mejor visión.
  • Aumenta la respiración, por lo que se ha usado como medicamento contra el asma.
  • Puede estimular al cerebro para que produzca dopamina, hormona responsable de la sensación de bienestar, pudiendo crear adicción.

Punto por punto, la glucosa es la “gasolina” de los músculos, así qué:

  1. El aumento de glucosa en sangre le da energía
  2. El aumento de la presión arterial hace llegar más sangre a los músculos y, por lo tanto, más oxígeno y glucosa
  3. El aumento del ritmo cardíaco, tres cuartas partes de lo mismo
  4. La dilatación de las pupilas le hace percibir mejor el entorno y, por lo tanto, las posibles amenazas
  5. El aumento de la respiración incrementa la oxigenación
  6. Y la dopamina es un anestésico natural que enmascara el dolor de la herida.

En resumidas cuentas, cualquier animal herido qué con esa herida pueda recorrer una distancia dada, si se alerta y eso le hace generar adrenalina, va a recorrer gracias a ella una distancia bastante mayor, incluso varias veces mayor.

De hecho, por eso es tan importante no alertar a la pieza en la medida de lo posible antes del disparo, ya qué lo mismo nos va a dar en la práctica que la adrenalina se haya generado unos segundos antes qué después del impacto de nuestra flecha.

Bueno, lo mismo no ya qué, si le hemos alertado previamente, la sensación de dolor del impacto la va a identificar indefectiblemente cómo una agresión y eso le va a hacer generar aún más adrenalina.

Mientras qué si recibe el impacto estando en una situación absolutamente normal sin ninguna sensación de amenaza y tras la misma sigue sin percibir nada qué le alerte puede achacar el dolor a cualquier cosa menos a una amenaza.

Por otra parte, el leve incremento de adrenalina qué se produce al sentir el dolor del impacto va a “jugar en nuestro favor” según el punto segundo de lo que hemos visto qué nos dice la wiki:

...pero en concentraciones bajas, la adrenalina produce descenso de la presión arterial en respuesta a los efectos beta2 ya que tiene mayor afinidad por estos que por los alfa1

Y ese descenso en la presión arterial se va a sumar a la perdida de sangre y al malestar qué pueda sentir por la herida haciéndole buscar un lugar tranquilo donde acodarse.

De hecho yo en las esperas nocturnas al jabalí hago todo lo posible para poder tirar sin luz precisamente por ese motivo:

No provocar una primera descarga de adrenalina y que el animal reciba el impacto sin qué note nada anormal previo.

También es por eso qué muchos preferimos “primar” el qué nuestros arcos y nuestras flechas sean lo más silenciosos posible aún a costa de perder velocidad y rasante.

La adrenalina, además, produce un endurecimiento de la carne del animal abatido, empeorando su calidad gastronómica.

Bien, ya hemos disparado, a ser posible sin alertar previamente al animal, la flecha a impactado, nos hemos convertido en una estatua una décima de segundo después de la suelta y nos hemos mantenido así mientras qué el animal impactado, e incluso los que le puedan acompañar, ha permanecido en la zona desde la qué nos podía ver o percibir.

Ahora, tras todo eso, aparentemente “estamos solos”, ha llegado el momento de relajarse y, muy lenta y sigilosamente por si el o los animales siguen estando, aunque fuera de nuestro alcance visual, dentro de su alcance sensorial, tomar una posición cómoda y esperar unos minutos.

PACIENCIA es la palabra.

Así que hay qué resistir la tentación de abalanzarnos sobre la zona de impacto para ver que ha pasado.

Un buen truco para ocupar esos primeros minutos es hacer un repaso mental de todo el lance y, si es posible, llevar encima una pequeña libreta para anotar lo qué ha sucedido (si es de noche, usando una luz lo más encelada y tenue posible y, preferiblemente, roja):

Eso nos permitirá ocupar unos cuantos minutos y darle más margen a la pieza herida.

Bien.

Ya ha llegado el momento de revisar la zona del impacto pero, antes de movernos, UN CONSEJO:

Utiliza algo para, DESDE TU POSICIÓN DE DISPARO (un par de flechas en el suelo, por ejemplo), indicar tanto el punto donde el animal recibió el impacto cómo el lugar donde lo viste por última vez.

Por lo general, para el punto del impacto basta una flecha tumbada en el suelo, pero para el punto donde se le perdió de vista, sobre todo si es lejano, es MUY ACONSEJABLE clavar dos flechas en el suelo, separadas por uno o dos metros, de forma qué sus culatines alineados nos indiquen ese punto.

En muchas ocasiones los rastros se pierden o se dilapida una gran cantidad de tiempo, confianza y energía porqué no se logra localizar, o al menos no con facilidad, el lugar por donde se fue el animal o el lugar donde recibió el impacto y donde empieza el rastro de sangre.

Clavar unas flechas en el suelo nos permite emplazar con suma facilidad unas referencias qué pueden ser claramente visibles desde una cierta distancia cuando ya estamos tras la pieza (y si el emplume no tiene colores vistosos, es muy sencillo “prensar” un pellizco de la punta de un pañuelo de papel en el culatín y transformarlas en banderolas... (o fijarlo con un elástico o algo de cinta adhesiva o cualquier otro medio)).

Además, si has disparado durante un rececho, o desde un puesto provisional o poco o nunca utilizado o si, simplemente, estás en un lugar o en unas condiciones que no te son familiares, MARCA TAMBIÉN EL LUGAR DESDE EL QUE HAS HECHO EL DISPARO (aunque sea con un simple pañuelo de papel) y, preferiblemente, hazlo con algo y de tal modo qué te permita ver la marca desde lejos.

La ventaja de marcar la dirección a esos lugares con dos flechas clavadas en el suelo y alineadas es clara:

Mirando desde lejos en dirección a ellas podemos ver sin estamos en la línea o nos hemos ido de ella lo qué, si las hemos alineado en la dirección correcta con la suficiente precisión, indica con mucha exactitud la franja de terreno donde hemos de buscar el rastro.

Un detalle a tener en cuenta:

Los emplumes de las flechas clavadas en el suelo no están a la altura de tus ojos, así qué puede ocurrir qué haya obstáculos (o la simple configuración del terreno) qué te impida su visión desde lejos... aunque tu si que hayas tenido una línea visual “limpia” hasta ese punto.

Si es posible, pon las marcas a la altura de tus ojos.

Inciso

En su momento Voere comentó qué al perro es conveniente llevarlo con una correa retráctil y Adol hizo unos interesantes apuntes a esto que merecen ser tenidos en cuenta:

Dos cosas que hago, primero para no comerme los puños mientras espero, aparte del culatin iluminado que te da informacion de como ha sido el tiro, cuando esta ya todo tranquilo desde el tree busco la flecha con una linterna UV.

Si has tenido con antelacion cuidado al elegir las plumas que reflejen los UV o tienes fluorescente el arrow wraps de las flechas estas se ven muy bien, asi localizas la flecha y ademas por la cantidad del brillo sabes si está con sangre o ha sido "agua".

Despues para señalizar el itinerario y la sangre corto en tiras un chaleco reflectante del coche, de forma que ademas de tejido amarillo tenga una tira de reflectante con estas tiras lo señalizo (muy comodo si a cada tira le coses una pinza), asi si es de dia ves muy bien la trayectoria que sigue con solo mirar atras y si es de noche con darle un linternazo.

Corto de dos chalecos uno amarillo y otro naranja, asi si he tirado a dos distingo los dos rastros.

A lo que yo le respondí:

Adol, eres un máquina.

¡Artista! si señor..

En la vida se me habría a mi ocurrido lo de los chalecos a tiras.

Increible y supervisible.

Qué cierto es eso de qué nunca te acostarás sin aprender una cosa más.

Lo qué yo uso es mucho más simple y cómo ventaja, la única que tiene, es qué no has de desandar el camino retirandolo si no quieres, ya qué es natural y 100% biodegradable:

Algodón en rama qué, además de pesar prácticamente nada, poder compactarse en cualquier sitio y verse a la legua todo blanquito, tanto las aves cómo los pequeños mamíferos (ardillas, ratoncillos, topillos, lirones, etc...) lo aprovechan en pocos días para mullir sus nidos o madrigueras.

...y si quieres más colores, los tiñes con anilinas o con "fum" de los de los palomos y listo.

Inciso acabado

 

Por descontado, si se caza en compañía, quién haya efectuado el disparo que ha herido a la pieza, DEBE QUEDARSE EN LA POSICIÓN DESDE LA QUE EFECTUÓ EL DISPARO hasta que el rastro haya podido ser establecido hasta el punto en el qué la pieza desapareció de su visual, para poder dar indicaciones al rastreador.

Si se caza en pareja o en grupo, es MUY CONVENIENTE qué todo el qué haya seguido visualmente la pieza hasta perderla de vista marque su posición y la dirección al punto donde dejó de verla.

Se qué todas estas precauciones para localizar el inicio de un rastro pueden parecer superfluas.

Y en muchos casos lo son.

No obstante, el día qué das con un rastro verdaderamente difícil se agradece muchísimo haberlas tomado.

Bien, en este momento, si hemos hecho todo esto y lo hemos hecho a conciencia, cómo mínimo habrán pasado de quince a veinte minutos desde qué herimos a la pieza y, lo más normal, es qué haya pasado más de media hora.

Es el momento de acercarse a la zona del impacto y, si no vimos al animal alejarse con la flecha clavada, buscar y localizar esta y el inicio del rastro de sangre.

Una vez qué tengamos localizada la sangre y, si no se ha ido con la pieza, la flecha, hay que ver cómo es esta sangre y tomar una decisión sobre qué vamos a hacer a continuación.

La flecha es importante porqué puede contarnos muchísimo más sobre cómo hemos herido al animal qué unas simples gotas de sangre, así qué hay qué dedicar a encontrarla todo el tiempo qué sea necesario.

La decisión sobre qué hacer tras encontrar la flecha y el inicio del rastro va a depender de cómo sea esa sangre, a saber:

Sangre rojo oscuro, poco espesa y escasa:

  • Se trata de, casi con total seguridad, un impacto qué tan sólo ha interesado músculo, quizás a algún hueso.
  • Hay que ponerse de inmediato tras el rastro y a toda velocidad.
  • Ya se le ha dado demasiado margen.
  • Hay qué estar prevenidos para encontrar al animal sobre sus patas, en movimiento, o encamado pero atento y dispuesto a la huida.
  • Habrá qué, con toda seguridad, volver a tirar sobre la pieza.

Sangre brillante, rosada, con o sin burbujas abundantes:

  • Se trata de, casi con seguridad, un impacto qué ha interesado al corazón o a los pulmones si hay abundantes burbujas.
  • Lo suyo sería darle al animal un margen en torno a una hora excepto, claro está, que lo hayamos visto caer.

Sangre rojo brillante, quizás algo rosada y qué incluso se puede haber proyectado a una cierta distancia:

  • Se trata casi con seguridad de sangre arterial.
  • A más abundante sea y/o a más lejos haya sido proyectada, más importante será la arteria interesada.
  • Nuevamente deberíamos darle una hora excepto qué, cómo en el supuesto anterior, lo hayamos visto caer.

Sangre muy roja y abundante qué, al poco, se pierde o reduce notablemente:

  • Se trata, casi con seguridad, de un impacto qué ha interesado el hígado.
  • Lo más aconsejable es darle al animal entre tres y cuatro horas.

Sangre sucia, marrón rojizo, en ocasiones con muestras de materia fecal o alimento:

  • Se trata con toda seguridad de un empance.
  • Si no existe ningún signo adicional, no se debería emprender el rastreo hasta pasado cómo mínimo medio día (12 horas).

¿Y si dos o más de estas cosas están presentes?:

Si se da la combinación de cualquiera de estos tipos tendremos que aplicar el sentido común y decidir cual es el aspecto más relevante, no obstante, ante la duda, darle antes más tiempo qué menos.

¿La peor situación qué se puede dar?

Qué la pieza se enmate o acode a nuestra vista y qué no podamos acceder a examinar el punto de impacto sin alertarla ni, por el motivo que sea, efectuar un segundo disparo sobre la misma.

Es una situación desesperante y qué puede ser de difícil solución.

Lo mejor es armarse de paciencia, acomodarse y dejar pasar al menos un par de horas.

Pasado este tiempo y si la situación no ha variado, lo más aconsejable es comenzar por “producir” cualquier olor “antinatural” qué lo fuerce a moverse:

Quemar de forma segura algo de hojarasca o tabaco, puede ser suficiente porque la mayoría de animales salvajes reaccionan al humo buscando alejarse.

Si no funciona eso o no podemos hacerlo provoquemos algún pequeño ruido, o silbemos una tonadilla suavemente o murmuremos.

Si nada de esto funciona y hace qué decida cambiar su emplazamiento y se aleje, habrá qué buscar aproximarse recechándo para intentar un segundo disparo.

 

Traspasar

Ahora vamos a ver la importancia de saber si hemos traspasado por completo al animal o no y las cosas qué hay que hacer y procurar ver al seguir un rastro de sangre y cómo hacerlas o verlas.

Imagino qué, a estas alturas y después de lo que te llevo dicho, tendrás más que claro qué lo único que, prácticamente con toda seguridad, no hace ninguna falta al seguir un rastro de sangre es LA PRISA.

Toma las cosas con más calma aún si cabe, localiza la flecha y analiza la zona del impacto.

Mira hasta localizar todas las manchas de sangre y mira bien, ya qué estas pueden no sólo estar en el suelo:

El animal puede, y por lo general DEBE (aunque sea muy poco), ir manchando la maleza a la altura de la herida o algo más abajo y es muy importante qué descubráis lo antes posible si es así y si lo es a qué altura Y POR QUÉ LADO DE SU ANDADURA lo hace.

Las manchas en la maleza no dependen tanto del flujo de sangre cómo las gotas en el suelo y, si bien no suelen tener la regularidad de estas ni nos cuentan cosas con la variación de su regularidad, su abundancia, etc... si qué suelen ser mucho más frecuentes, sobre todo al inicio del rastro cuando la sangre aún fresca empapa el pelo y la borra bajo este por lo que la capa del animal actúa a modo de esponja qué, saturada, a la menor presión o roce deja escapar parte de su contenido qué, por lo general, mancha ligeramente aquello qué la presionó o rozó.

Has de tener en cuenta que tres de cada cuatro veces en qué se pierde un rastro de sangre un buen rastreador, si lo consigue retomar, va a ser por la sangre en la maleza y por lo qué esta le indique.

Cazando con arco si hacemos las cosas bien y usamos la punta correcta, una de dos filos a simple bisel, y una flecha pesada, por arriba de los 650 granos, no es inusual pasar las piezas de lado a lado.

Esto significa qué la pieza va a tener una herida de entrada y una de salida y qué, por lo general, LA HERIDA DE SALIDA ESTARÁ MÁS BAJA.

Las razones de esto son dos y muy simples si nos paramos a pensar en ello:

  1. Si tiramos desde un puesto elevado en una espera, la flecha normalmente lleva una trayectoria descendente.
  2. Si tiramos pie a tierra, raso o aún cuesta arriba, por ejemplo en un rececho, la flecha siempre describe una parábola, mayor y más acentuada a más pesada es y, por lo general, el punto de impacto de salida, más alejado a nosotros será más bajo qué el de entrada.

Una vez qué tengamos claro porqué lado de la andadura sangra o si lo hace por ambos, ES IMPORTANTE MEDIR EN CUANTO SEA POSIBLE A QUE ALTURA SANGRA POR CADA LADO.

Yo normalmente utilizo el arco o una flecha para tomar la medida, apoyándolo vertical junto a la planta donde quedó el rastro de sangre alto.

La finalidad de tomar esa medida y tenerla en cuenta es doble:

  1. Si la pieza vuelve sobre sus pasos, cosa para nada inusual en algunas especies, veremos sangre en las matas a una altura qué corresponde al otro lado de la andadura, en el supuesto de que sangre por ambos orificios, o habrá un rastro doble, a dos alturas.
  2. Si tenemos una referencia de la altura es mucho más simple y certero examinar la maleza, ya qué nuestra mirada registrará sólo el fragmento de maleza en las proximidades de la marca de altura, no “disipándose” intentando ver algo en toda la mata.

Una cosa qué, releyendo, veo qué no he dicho y qué muy posiblemente debí decir:

Lo primero de todo es qué todo buen rastro de sangre comienza por un buen disparo.

Parece una perogruyada pero es así:

Asegurar el disparo en la medida de lo posible y procurar acertar en un punto vital simplifica muchísimo las cosas y hay que esforzarse al máximo para conseguirlo aunqué, y sobre todo cuando se dispara desde un puesto en alto, tampoco hay qué llegar al extremo de dejar qué la pieza se meta demasiado cerca de nosotros, ya qué eso puede, al tirar de arriba a abajo, dar lugar a uno de los peores impactos posibles:

El que interesa a UN SÓLO PULMÓN.

Esa es una herida mortal de necesidad, pero sin embargo el animal puede tardar más de un día en morir... y seguir desplazándose mientras ese momento llega.

Inciso

Cómo muy bien dijo Voere:

Si no nos quedamos como estatuas y no le damos tiempo al animal para que se eche, podemos estar empujándolo hasta más allá de los Pirineos.

Si me quedo quieto y en silencio puedo escuchar por dónde se va y qué hace; si, por el contrario, hago ruido y movimientos, además de empujar al herido, hago moverse al resto de animales y eso me despista.

A eso tan sólo se le puede añadir una cosa:

Mira.

Vigila todo lo qué sucede en tu campo visual.

No es para nada extraño ver, si todo está tranquilo, una o dos horas después del disparo e incluso más tarde, la pieza herida alejándose renqueante.

Si se da el caso usa los prismáticos para examinarla y toma referencias de su recorrido... y sigue esperando.

Si se está moviendo seguramente aún es demasiado pronto para comenzar a seguir su pista.

Hay que dejar que se acune y se enfríe.

Bien, dicho esto qué se me había quedado en el tintero, volvamos tras nuestro rastro de sangre.

Fin del inciso

 

Un rastro se sigue mejor con poca gente sobre el mismo.

Uno puede tener la tentación de avisar a algún amigo o compañero para qué le eche una mano y, hasta ahí bien pero no más porque la realidad es qué no se puede ir bien tras un rastro en grupo.

Dos, máximo tres personas, es más qué suficiente salvo qué estemos hablando de un animal peligroso:

En esos casos SIEMPRE debe haber al menos un tirador cubriendo al rastreador ya qué este, centrado en seguir el rastro, podría llegar a meterse encima del animal sin apercibirse de ello, por no hablar de los casos en los qué algunos predadores, y no sólo predadores, se dan la vuelta y acechan sobre su propio rastro.

Aunque esto tan sólo lo se de oídas, al parecer alces y búfalos tienen una cierta tendencia a hacerlo.

Si se es más de uno, el qué no esté sobre el rastro se debe de situar a un lado de la ruta aparente de la pista, mejor del lado elevado, con una separación no mucho mayor qué una docena de metros cómo máximo y, cómo mucho, a medio centenar de metros por delante del rastreador y, SIEMPRE manteniendo el contacto visual con este y atento tanto a lo que le rodea cómo a lo qué hay por delante y a las posibles indicaciones del rastreador.

En el caso de que haya un tercero debe ocupar, de la misma forma, el lado “bajo”, pero sin llegar nunca a adelantarse lo mismo.

Cualquier otra persona adicional, bien se queda detrás del rastreador, bien se despliega cómo mucho a otra veintena de metros más allá, del lado de la ruta aparente de la pista y así sucesivamente, cómo formando la trama de una malla, pero SIEMPRE POR DETRÁS DEL RASTREADOR para evitar “ensuciar el rastro”, además es muy aconsejable qué no superen una traza de sangre marcada hasta qué el rastreador marque otra... y mejor aún si van no una si no dos marcas por detrás, de forma qué siempre haya una marca “intacta” entre el rastreador y el grupo, por si este tiene qué volver sobre sus pasos para intentar retomar el rastro.

Es decir, uno en punta fuera de la ruta aparente del rastro por la parte alta, uno en “media punta” también fuera de la ruta aparente, por la parte baja, uno sobre el rastro y el resto algo retrasados peinando el terreno... y todos “a la orden” del qué está sobre el rastro.

Aclarado esto, vamos al papel “estelar”, el del rastreador, qué será por lo general nuestro papel en solitario las más de las veces.

 

El rastreador

Lo primero que debe de quedar claro es que quien rastrea manda.

Si eres quien ha tirado a la pieza y además la rastreras tu nadie puede hacer nada que no decidas tu y si no le gusta alguien que sea así, fuera, que se vaya:

La pieza y la responsabilidad es tuya y ha de depender de ti si se cobra o no.

ATENCIÓN

Si rastreras tu sólo, antes de cada paso MIRA, luego busca la siguiente traza de sangre, parate y VUELVE A MIRAR, márcala y sigue tras el rastro pero SIEMPRE CON PRECAUCIÓN porque es muy normal qué, absorto en las trazas de sangre, te puedas meter encima de un animal herido y posiblemente peligroso sin llegar a verlo.

Si tu consideras que hay otro que es mejor rastreador y quieres que rastree él, se lo ofreces y, si acepta, manda él.

Esto es así porque lo más irresponsable e injusto del mundo es herir de muerte a un animal y, por hacer algo mal, perderlo.

Alguien ha de asumir la responsabilidad de que eso no pase y, si la asume, ha de tener la autoridad para llevarlo a cabo sin que nadie interfiera.

Aclarado eso, pese a qué pueda resultar incómodo, es conveniente no sólo llevar con vosotros el arco, si no también estar preparados para hacer si es preciso un tiro a larga distancia:

Todos conocemos y practicamos la ética de no tirar en rangos de tiro tan largos qué no se tenga un grado de certeza muy alto de alcanzar a la pieza en un punto vital.

No obstante yo al menos entiendo qué esto tiene cómo finalidad evitar herir de forma poco efectiva a un animal qué luego quizás no se pueda cobrar y qué, por lo tanto, cuando estamos intentando cobrar un animal previamente herido, esa “norma” es aceptable “relajarla”, ya qué un tiro acertado a larga distancia puede acortar tremendamente nuestro trabajo, de hecho aún un tiro poco preciso puede conseguir eso o, al menos, renovar el rastro de sangre facilitando un sangrado nuevo.

No es una cuestión de comenzar a hacer tiros a voleo a doscientos o trescientos metros, si no simplemente de tener un “pin alto” ajustado al doble o, cómo mucho al triple, de nuestro rango “natural” más largo.

Yo, por ejemplo, no suelo tirar a una pieza más allá de los 20 o 25 metros, 30 cómo máximo en ocasiones muy excepcionales, y sin embargo siempre he tenido un pin a 90 metros y ocasionalmente hago unas cuantas rondas de práctica a esa distancia.

Es mejor no verse forzado a usarlo, pero es bueno tenerlo previsto y haberlo practicado por si se diera el caso.

Al menos ese es mi criterio y lo comento porqué entiendo qué quizás alguno no se lo haya planteado nunca y creo qué es bueno qué os lo planteéis antes y, en el caso de aceptarlo cómo una opción válida, incluirlo en vuestras prácticas.

Siguiendo con el rastro, cómo bien adelantó Adol, el rastreador tiene qué marcar cada traza de sangre, por muy abundante que sea, ya qué siempre puede ser la última y podría ser necesario volver a ella para intentar retomar el rastro o para utilizarla cómo base de una búsqueda intensiva.

Lo qué utilicemos para marcarla es indistinto siempre qué sea algo visible cuando giremos la vista atrás para qué podamos ver la “tendencia” del rastro y qué sea algo biodegradable o qué estemos dispuestos a recuperar volviendo tras nuestros pasos.

Mi recomendación qué ya conoces y lo que yo uso, algodón en rama, del utilizado en aplicaciones sanitarias:

Ligero, bastante fácil de conseguir casi en cualquier parte, compactable, fácil y rápido de enganchar en una rama, también es sencillo estirarlo y expandirlo para que muy poco sea visible desde muy lejos y brilla bajo luz ultravioleta, por lo que es fácil de localizar cuando cae el día usando una linterna UV, de "luz negra".

Además es natural, biodegradable y pájaros y otros pequeños animales lo utilizan para sus anidamientos por lo qué si no quieres no has de volver sobre tus pasos para recuperarlo.

La sangre la podemos ver directamente, pero en muchas ocasiones, sobre todo en rastros difíciles, la apreciaremos por la presencia de insectos, principalmente moscas y hormigas.

Esa es también una de las razones de dejar pasar un tiempo entre el disparo y la persecución:

Dar margen a esos pequeños delatores para qué puedan acudir al festín y mostrárnoslo con su presencia.

Recordad, serán muchas las ocasiones en las qué no veáis la sangre, especialmente en rastros largos y en zonas enmarañadas, pero si os paráis y escucháis, oiréis las moscas... o las veréis alzar el vuelo agrupadas, sin alejarse del lugar, al moveros entre la maleza.

La oscuridad, más qué un inconveniente, puede ser un aliado, ya qué la sangre, con una iluminación adecuada, es casi más visible de noche qué de día.

Ciertamente hay linternas de luz especial.

No las he probado nunca pero en los vídeos qué he visto parecen funcionar bien.

Los viejos cazadores usaban lamparas de queroseno, por qué la luz de llama hace resaltar la sangre.

No todas las llamas, ciertamente.

No he probado tampoco nunca con la de carburo, pero la de los Campingaz de toda la vida tiene un efecto SORPRENDENTE, no obstante es aconsejable apantallar el fanal, un simple bote de conserva abierto por los dos extremos y con una ventana convenientemente practicada recortando algo de la lata es suficiente, aunque siempre se puede fabricar algo más elaborado.

Probarlo a la menor oportunidad.

 

Acabando

Bien, pocas cosas, creo, me quedan qué añadir, al menos sin estar sobre un rastro, así qué voy a ir acabando con unos cuantos detalles más.

Los tres errores más comunes son:

  1. Comportarnos o abandonar la posición de tiro, especialmente si es en un puesto, de forma poco discreta en la suposición de qué cómo nosotros ya no vemos u oimos al animal este no puede vernos ni oirnos o hacerlo antes de dejar pasar un tiempo prudencial.
  2. Dar por perdido el rastro de sangre demasiado pronto.
  3. Precipitar las cosas cuando llueve o comienza a llover en el supuesto de qué la lluvia eliminará la sangre.

La solución a ellos es simple:

1º.- Hagas lo qué hagas, hazlo cómo si aún no hubieses tirado y el animal estuviese ahí mismo, especialmente hasta encontrar la primera sangre y conocer el tipo de herida que le has inflingido, y reserva las celebraciones hasta que puedas poner tu pie sobre la pieza.

2º.- ¿Que qué es demasiado pronto?:

Abandonar el rastro sin haber dedicado dos o tres horas a intentar localizar una nueva gota de sangre es abandonarlo demasiado pronto.

Insiste, tomate tu tiempo, mira no sólo todo lo que está cerca del último indicio, si no en los sitios por los qué es probable qué el animal haya pasado vista la dirección general del rastro y, en especial, todos los lugares donde ha tenido que hacer un esfuerzo, saltar un ribazo por ejemplo, que pueda haber provocado la perdida adicional de sangre y todos los lugares por donde se podría haber vuelto sin entrar en tu rango visual.

Y aún así y todo, una vez invertidas dos o tres horas sin encontrar ni una traza más, vuelve atrás una distancia prudencial POR UN LATERAL DEL RASTRO y luego vuelve a delante por el otro lateral buscando por donde pudo haberse desviado la pieza si volvío sobre sus pasos.

3º.- Antes al contrario, cuando llueve o se prevee qué vaya a llover o a nevar HAY QUE RETRASAR AÚN MÁS LAS COSAS por la sencilla razón de qué la pieza en esas condiciones se echará antes y si la dejamos a su aire se enfriará a mucha menos distancia de la zona donde la hemos impactado qué si la pretendemos seguir demasiado pronto y por ello la levantamos.

Es decir:

La elección no reside entre dejar qué la lluvia borre o no el rastro, si no en si preferimos que la lluvia borre un rastro corto o uno larguísimo.

Una vez qué haya pasado el tiempo adecuado según la primera sangre, si no encontramos rastro de sangre porque la lluvia lo ha borrado o la nieve lo ha tapado o desde donde este desaparezca si lo hemos venido siguiendo, la mejor forma de realizar la búsqueda de la pieza, por supuesto siempre qué no contemos con el auxilio de un perro, es dividiendo el terreno en cuadrículas y recorriendo estas cuadrículas arriba y abajo cómo si las "arásemos".

 

El remate

En cuanto al remate, si llega a ser necesario, dos apuntes:

Normalmente encontraremos la pieza tumbada o acodada y, por lo general, entre la maleza, con lo qué las zonas de sus organos vitales "usuales" estarán bien en una posición difícilmente alcanzable, bien en una posición obstaculizada.

Es por ello qué la zona preferente para el remate ES EL CUELLO, a ser posible en su primer tercio.

Por otra parte, se puede dar el caso de qué ese tiro de remate haya qué efectuarlo a muy corta distancia y, por ello, hay qué practicar esos tiros a muy corta distancia, de dos a cinco o seis metros, y tener muy claro lo qué hace nuestra flecha a esa distancia y donde impacta.

No hay nada más indigno y ridículo qué fallar un tiro a un bicho qué está a dos pasos tuyo, quieto y tumbado en el suelo.

Hay que tener en cuenta dos aspectos

Cuando disparamos un arma (sea la que sea) en un angulo pronunciado, digamos 45°, hay que, como dice el dicho, apuntar bajo:

Tires alto o tires bajo apunta siempre bajo.

Esto es cierto con cualquier arma, arco, rifle, ballesta, escopeta, pistola o revolver.

La razón es porque la gravedad actúa sobre el proyectil NO DURANTE LA DISTANCIA QUE RECORRE HASTA LA PIEZA si no EN LA DISTANCIA QUE RECORRE SOBRE EL TERRENO.

El calculo de esa distancia se hace por el teorema de Pitagoras.

¿Recuerdas aquello que nos enseñaban en la escuela de "Hipotenusa al cuadrado igual a la suma del cuadrado de los catetos"?

Pues esa es la formula que hay que aplicar siendo la hipotenusa la distancia recta que recorre el proyectil desde nuestra arma a la pieza y los catetos uno la altura que hay desde el plano paralelo al suelo donde esta la pieza hasta el plano donde esta nuestra arma y el otro cateto la distancia que hay desde la boca de nuestra arma al punto de impacto a la pieza.

Esto que con las armas de fuego no es demasiado critico a corta distancia si que lo es con arco y flechas.

Si, por ejemplo, hacemos un disparo desde el punto alto donde confluyen los cuadrados rojo y amarillo, a la pieza situada donde confluyen los cuadrados rojo y azul, un tiro muy normal si la pieza se ha acunado en una ladera mientras bajaba o en un arroyo que discurre por el fondo de una barranca, si para intentar el remate apreciamos la distancia a la pieza o la medimos con un telémetro que no compense ángulos, de nosotros a la pieza habrán tantos metros cómo cuadraditos contamos en el lado del cuadrado rojo, CINCO, pero como estamos elevados sobre la pieza los cuadraditos del cuadrado amarillo, CUATRO y por lo tanto disparamos para abajo en un ángulo pronunciado la distancia que el proyectil recorre hasta la pieza sometida a la gravedad es tan solo la de los TRES cuadraditos del cuadrado azul, 3 metros.

Imagen

 

Si tiramos segun telémetro el tiro ira alto porque el proyectil, sea bala o flecha, sobre el terreno tan sólo recorre tres metros y no cinco, así que su caída es la que corresponde a esos tres metros.

Y si el disparo es para arriba sucede igual:

A un animal en una cota más alta en una ladera hay que apuntarle bajo.

Este problema con el arco se acentúa muchísimo mas.

Por eso los tiros de remate se deben de practicar porque la flecha no va a ir donde indica el pin, por muy cerca que estemos.

 

Resumen práctico

Para tener la certeza de disponer de un buen rastro de sangre y asegurar al maximo cobrar la pieza al menos procura recordar esto:

  1. Usa un arco de potencia suficiente, una flecha pesada, de mas de 650 granos y una punta, a ser posible de una hoja con filo a simple bisel, que tengas la certeza de que traspasará por completo a la pieza para salir por el otro lado y quedar en el suelo.
  2. Silencia tu arco al máximo y compruebalo haciendo que alguien te grabe a un metro o menos de ti. Recuerda que a más pese la flecha menos ruido hará tu arco.
  3. Asegurate de hacer el disparo apuntando al sitio preciso y desde lo más cerca posible.
  4. Tras el disparo quedate quieto, completamente inmóvil y en silencio.
  5. Observa la pieza, memoriza tanto donde estaba al recibir el impacto cómo donde dejaste de verla y marca la dirección a ambos sitios en cuanto puedas.
  6. Espera en silencio, sin luces ni movimientos innecesarios.
  7. Marca tu posicion y luego busca y marca el inicio del rastro de sangre. Busca y examina la flecha.
  8. ¿Poca sangre y oscura? Muevete ya. ¿Sangre sucia con restos? Dale medio día. Si no recuerdas que hacer en los otros casos espera al menos una hora más.
  9. Si empieza a llover o nevar espera muchísimo más.
  10. Marca cada muestra de sangre con algo que puedas ver de lejos. Recuerda que la sangre en la maleza, aunque más escasa, es más continua. Mide a que altura está.
  11. Si te acompaña alguien, qué haga lo que tu digas y te cubra desde fuera del rastro, algo adelantado y en la parte alta.
  12. Si has de rematar y no lo has practicado, apunta bajo.
  13. Si pierdes el rastro vuelve atrás a la ultima sangre marcada y revisa todo despacio y sistemáticamente desde ahí. Recuerda que moscas y hormigas delatan la sangre.

 

Para acabar

Hablando sobre el artículo, orzow escribió:

Por lo tanto creo que todos los consejos genéricos que se den están bien pero cada uno ha de adecuarlos a su forma de cazar, al sitio donde cace, etc

Es sólo mi opinión.

Y yo contesté qué era una gran opinión.

En este mundo uno ocasionalmente se encuentra con frases qué merecen ser recordadas (Groucho Marx era un epítome de generador de las mismas) y, entre ellas, una qué merece ser tenida muy encuenta es qué:

LAS NORMAS ESTÁN HECHAS PARA ROMPERLAS

Eso no es una llamada al anarquismo si no un grito al sentido común.

Hay otra:

LA EXCEPCIÓN CONFIRMA LA REGLA

En suma, cómo dije en otro lugar, un viejo profesor mío nos decía qué la cabeza la teníamos ahí para algo más que sujetar las orejas, incitandonos a usarla.

Hay qué ser capaces de juzgar lo qué se debe hacer en cada ocasión, si hacer caso de lo qué dice la sabiduría acumulada por multitud de otros cazadores o si optar por algo diferente.

Pero para poder optar hay qué conocer esa sabiduría acumulada.

En cualquier caso, optemos por lo qué optemos, acertemos o erremos, acumularemos conocimientos y experiencia.

Transmitirlos para qué otros puedan aprovecharlos es una gran prerrogativa a la qué nadie debería renunciar.